¿STEM para las mujeres y Humanidades para los hombres?

María Antonia Casanova | Universidad Camilo José Cela (Madrid)

En los últimos tiempos se está haciendo mucho hincapié, y con razón, en la necesidad de que las mujeres (niñas y jóvenes, durante su periodo educativo) se dediquen, primero en sus estudios y luego como profesión, a las denominadas STEM, siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. Ciertamente, las estadísticas nos dicen que en Europa, mientras hay 95 hombres cada 1000 que poseen titulación en tecnologías, solo hay 29/1000 mujeres. La brecha es considerable, lo cual justifica esta insistencia en reivindicar el campo científico-tecnológico para la mujer.

No obstante, también hay que afirmar que, tanto a lo largo de la historia como en la época actual, han sido y son muchas las mujeres dedicadas al campo científico. Lo que ocurre es que resultan invisibles, que están desaparecidas de los medios de comunicación, de los premios…, y un largo etcétera que también se da en otros campos, como pueden ser el de la literatura, la medicina…, la creación y la investigación en general. Disponemos de documentación, de obras y de nombres que ratifican el trabajo y la existencia de estas mujeres, al igual que su silenciamiento, su “no existencia”, su “no aparición” a la hora de mostrarlas como modelos ante la sociedad.

Pareciera que, como viene resultando demasiado habitual, las profesiones “importantes” están reservadas para los hombres, mientras que las mujeres deben dedicarse a “cuidar” a la población: maestras, enfermeras, secretarias… En definitiva, cuestiones de “menor importancia” y, por supuesto, sueldo. Estereotipos mantenidos durante siglos, que afortunadamente se están rompiendo a buen ritmo, aunque quede camino por recorrer, mucho todavía. La educación tiene un importante papel para conseguir salvar esta situación, mostrando a las mujeres destacadas en todos los campos, aunque no aparezcan en los libros de texto. El canon debe cambiar a base de realidades, superando el borrado imperante e injusto con la mitad de la población mundial.

Sin embargo, también hay que decir que han sido y son muchos los hombres que dedican su trabajo al campo de las Humanidades y que, como siempre, suelen ser los que destacan y aparecen como prototipos, en muchos casos no por ser mejores, sino por ser hombres, aunque con méritos equivalentes a los de las mujeres.

Se trata, por tanto, de conseguir que cada persona se dedique a lo que le gusta y a lo más adecuado en función de sus capacidades y talentos, independientemente de que sea hombre o mujer. Pero, claro está, después deben reconocerse sus méritos en igualdad de condiciones, ya que de lo contrario se mantendrá la situación de visibilidad como hasta ahora, a pesar de que la realidad haya cambiado.

Mi pregunta inicial parte de otra reflexión complementaria. ¿Todos nos tenemos que dedicar, ahora, a las STEM? ¿Abandonamos las Humanidades? ¿Cómo puede haber un científico no humanista? ¿Queremos vivir como robots o como personas? Considero que la dejación que, de hecho, se está realizando en los sistemas educativos de las materias más típicamente humanas es realmente peligroso. Desaparecen de los diseños curriculares, tanto de la educación obligatoria como del Bachillerato, pero son las que ofrecen sustento al pensamiento, ya sea este tecnológico, matemático, científico… Cualquier obra humana debe disponer de bases filosóficas que la sustenten. Lo contrario supone condenar a la sociedad a una óptima posibilidad de manipulación por parte de los astutos que queden en ella, y que no suelen ser, precisamente, los más fiables. Ojalá fueran verdaderos humanistas quienes dirigieran el mundo: otra sería la realidad actual.

En conclusión: Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Matemáticas y Humanidades son fundamentales en la actualidad, como también lo es que todas las profesiones derivadas de sus saberes sean desempeñadas por hombres y mujeres. Hay que superar los estereotipos existentes hasta ahora, pero no crear otros equivalentes, como sería revertir la situación de modo absoluto y que, como anticipo en el título, el reparto de trabajo social se invirtiera. Absurdo, pero posible hasta el momento. Debemos avanzar con lógica y equilibrio, sin desestimar las aportaciones que toda la ciudadanía puede y debe hacer para contribuir a una sociedad mejor.

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