En tiempos de fobos hablemos de educación inclusiva en la escuela

Caterí Soler García | Profesora del Departamento de Didáctica y Organización Escolar. Facultad de Educación, Universidad de Málaga

En la mitología griega, Fobos era hijo de Ares (dios de la guerra) y de Afrodita (diosa del amor) y es debido al terror que infundía su presencia en los luchadores que se asume el término phobo al miedo o al pánico. Hoy estamos siendo testigos de sucesos y discursos con tintes racistas algunos, xenófobos, o quizás aporofóbicos, misóginos, xenófobos, homofóbicos, transfóbicos, etc.; todas manifestaciones con un denominador común: el odio, el rechazo a un grupo humano.

Por ejemplo, mientras escribo esta reflexión, varios medios de comunicación españoles de la jornada difunden la noticia que algunos países europeos se encuentran decidiendo, luego de varios días, si “acogerán” a 141 migrantes procedentes de países como Eritrea, Somalia, etc., que fueron rescatados en alta mar por el barco Aquarius, operado por SOS Mediterránee y Médicos Sin Fronteras, y que esta vez han tenido “la suerte” de esperar en tierra firme de Malta y no, como en situaciones similares, en las que se han visto vagando en el mar días y días, en condiciones deshumanizadas, muchas veces de hacinamiento, con escasa agua y comida, a altas temperaturas, ante la mirada impasible y la retórica oportunista de algunos que suelen olvidar que estamos ante la presencia de personas, incluidas niñas y niños y mujeres embarazadas…

Según Acnur (Agencia de la ONU para los refugiados), desde inicio de 2017, más de 2.000 personas han muerto y desaparecido mientras cruzaban el Mediterráneo al huir de guerras, situaciones de esclavitud, violaciones, miseria, etc. La huida se produce de países que han sido expoliados, saqueados o invadidos a lo largo de la historia por esos otros “desarrollados” que ahora se niegan o dudan si recibirlos o no; esos mismos que han incumplido sus promesas, como el reciente acuerdo europeo de acogida de refugiados que habían entrado por Grecia e Italia, donde solo Malta cumplió lo acordado (incluso por encima de lo previsto); el resto no lo hizo, como España que “acogió” a 1.257 migrantes de 9.323 de los que se comprometió en esa ocasión (European Commission, 2017).

Hablando de incumplimientos de acuerdos podríamos recordar otro (inicialmente acordado su cumplimiento para 1975 y en una revisión de 2015 para 2030), el que se comprometieron los países más ricos de alcanzar 0,7% del producto nacional bruto (PNB) para la ayuda o asistencia oficial al desarrollo para los países considerados “menos desarrollados”, imagino que en un intento de lavado de conciencia o de “resarcir” los daños acaecidos tras siglos de colonización para beneficio de esos países que se han “desarrollado” y perjuicio de esos que no lo han hecho, causando el éxodo de sus pobladores en una patera arriesgando sus vidas y que hoy presenciamos desde la orilla acomodada. Pero sorpresa, de 28 países, solo 6 han alcanzado la meta del 0,7%. Otro incumplimiento más y no recuerdo, en ninguno de los casos, algún tipo de consecuencia o sanción por parte de los organismos internacionales.

Paralelamente, en medio de estos acontecimientos, se suceden discursos y acciones xenófobas y/o aporofóbicas de políticos europeos, usando la retórica del miedo y del rechazo al migrante desde la mentira, como las palabras del líder actual del Partido Popular quien, hace solo unos días declaraba, desde el rechazo, que España no podía asumir la llegada de millones de inmigrantes o cuando hacía alusión al “efecto llamada” que ha provocado la acogida de los migrantes provenientes del Aquarius, un buque humanitario de la ONG SOS Mediterranée que había rescatado una vez más de las aguas del Mediterráneo a 630 personas; poco después de ser pronunciadas estas palabras, fueron desmentidas por diversas ONG y organizaciones internacionales como la propia Acnur España, mostrando que a este país no han llegado millones de migrantes, ni ha aumentado la migración “irregular” con respecto a años anteriores, donde había sido mayor. Fue necesario desmentir estas y otras falsedades, que se convirtieron en eco en los pensamientos y las redes sociales de un gran número de ciudadanas y ciudadanos. Sin embargo, los mismos partidos a los que pertenecen los políticos que explicitan estas posturas, bien reciben o visitan con gran aceptación, estrechando manos a familias reales como la de Arabia Saudí, que coincidentemente es uno de los compradores de armas del Estado Español y que también han protagonizado algunas noticias, no en portada, como asesinar a 40 niños al atacarlos mientras viajaban en un autobús en Yemen. Ante estos hechos, muchos de estos políticos callan.

Otra noticia que ocupa telediarios, prensa y redes sociales son las vejaciones o ataques que reciben las personas que viven en la calle, por ejemplo. También hace algunos días ocupó estos espacios el tatuaje que le hicieron en la frente a una persona sin hogar de procedencia polaca a cambio de 100 euros dentro del jolgorio de una despedida de soltero de unos visitantes británicos a una ciudad española. Otro acto contra un ser humano. En cualquier caso, aunque exista racismo, podríamos estar la mayoría de las ocasiones frente a manifestaciones de aporofobia, como lo define Adela Cortina (2017) rechazo al pobre, a aquel que no tiene nada que ofrecer por ejemplo votos, dinero, etc.; aquel que es percibido por parte de la sociedad como “los nadie” que nos hablaba Galeano (1989).

Otro grupo humano que es víctima de rechazo, anulación y violencia permanente solo por su condición, son las mujeres. En España desde 2003, fecha desde que se tiene registro, hasta el 24 de julio de 2018 han sido asesinadas 947 mujeres, víctimas de violencia de género según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (2018). En este tipo de violencia son víctimas también las hijas y los hijos de la madre asesinada. Y esa es solo una parte de la violencia ejercida sobre las mujeres. Podríamos sumar otras como las violaciones que, según algunos estudios en España, se registran alrededor de 3 agresiones sexuales por día; de ellas, según el proyecto presentado por GEO Violencia Sexual (2018), desde 2016 hasta el 29 de julio de 2018 se han registrado 56 agresiones sexuales múltiples.

Podría escribir páginas de sucesos diarios donde se ejerce la violencia o se excluye de los diferentes entornos sociales a grupos de personas, ya sea por el género, por la procedencia, cultura, creencias, peculiaridades cognitivas, sensoriales, de movilidad, su estado económico, etc. ¿Qué tienen en común todos estos sucesos? Estamos en presencia del rechazo a grupos humanos por parte de una ciudadanía deshumanizada, que ejerce el poder de unas personas sobre otras, aquellas que son tratadas como “Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos” (Galeano, p. 52).

Si bien es cierto que nos encontramos ante realidades sociales deshumanizantes, también es justo hacer mención de otra parte de la ciudadanía que, ante estos sucesos, se rebela, se muestra crítica y actúa con la intención de transformar nuestra sociedad. Por ejemplo, el activismo de algunos colectivos o movimientos sociales, como el movimiento feminista, que denuncian y actúan contra estas acciones que van en contra del ser humano; entendiendo que estos actos sociales que vulneran la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) deben ser visibilizados, señalados y claramente nominados para demostrar su existencia, analizarlos (Cortina, 2017) y desde la acción común transformar nuestras sociedades en más humanas, justas y equitativas.

Esa transformación hacia una sociedad cualitativamente mejor la encontraremos desde la educación, entendida esta desde la interseccionalidad, y donde el contexto escuela se convierte en imprescindible. Me pregunto entonces, ¿qué podemos hacer desde la escuela ante estas patologías sociales que engendra el sistema neoliberal y patriarcal? Entiendo que solo podrá ser posible desde la escuela pública e inclusiva. Aunque me parece absurdo adjetivar la escuela, porque a ella deben tener acceso todas las niñas y niños a los que se les tiene que garantizar el desarrollo y aprendizaje, me veo obligada a hacerlo dada la existencia de las clasificaciones en España de tres tipos de escuela: pública (estatal), concertada y privada donde se generan exclusiones. Hablamos entonces de construir los valores de equidad y justicia social desde la convivencia y las relaciones que se generan en este espacio, de la necesidad de una escuela desde los valores de la cultura de la diversidad (López Melero, 2004). Ello implica vivir la diversidad en este espacio educativo como un valor humano, donde aprendemos de las diferencias, de la pluralidad que nos distingue como especie.

Necesitamos vivir los valores de respeto hacia todas las personas desde la Educación Infantil y ello necesita cambios en el modelo educativo, del tradicional e individualista al cooperativo y solidario, donde se construya conjuntamente el conocimiento desde una educación inclusiva. Para ello se necesitan vivir esos valores desde la concepción de un currículo interdisciplinar, es decir, vivir la ética y los valores no como proponen algunos profesionales desde una asignatura concreta, sino desde todos los espacios y tiempos dentro de la escuela, desde estrategias didácticas interdisciplinarias. Ello implica un compromiso del profesorado como agente de cambio, quien debe garantizar que las escuelas se conviertan en espacios de convivencia y aprendizajes. Pero, a su vez, la formación inicial de las y los profesionales de la educación tiene que sustentarse también, desde la praxis, en los valores de la cultura de la diversidad.

Si queremos transformar la sociedad en la que vivimos desde la deshumanización a la humanización, todas las personas implicadas en la educación de las futuras ciudadanas y ciudadanos tendrán que asumir el compromiso moral de garantizar que no existan “los nadies”; es decir, si queremos vivir en una sociedad humanizada, debemos educar para la convivencia humana desde la cultura de la diversidad. Por ello, en tiempos de fobos se hace necesario hablar de educación inclusiva en la escuela.


Referencias

Acnur. (2018). recuperado de http://www.acnur.org/esmergencia-en-europa.httml

Cortina, A. (2017). Aporofobia, el rechazo al pobre. Barcelona: Paidós.

European Commssion (2017). Report from the commission to the European Parliament, The European Council and the council. Fifteenth on relocation and resettlement. Brussels, 6.9.2017 recuperado de https://ec.europa.eu/home-affairs/sities/homeeaffairs/files/what-we-do/policies/european-agenda-migration/20170906_fifteenth_report_on_relocation_and_resettlement_annex_3_en.pdf

Galeano, E. (1989). El libro de los abrazos. España: Editorial Siglo XXI.

GEO Violencia Sexual. (2018). Recuperado en https://geoviolenciasexual.com/

López Melero, M. (2004). Construyendo una escuela sin exclusiones. Una forma de trabajar con proyectos en el aula. Málaga: Aljibe.

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. (2018). Recuperado de http://www.violenciagenero.msssi.gob.es/violenciaEnCifras/victimasMortales/fichaMujeres/pdf/VMortales_2018_07_24

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