Evidencias: Cómo conseguir iguales aprendizajes. Superando barreras para el alumnado inmigrante

Diana Valero | Universidad Nebrija

Continuamente escuchamos hablar del fracaso escolar del alumnado inmigrante, sin embargo, no son tantas las voces que se centran en resaltar las evidencias científicas que mejoran los resultados de este tipo de alumnado.

Los grupos interactivos (GI) es una de esas evidencias que el proyecto europeo Includ-ed ha identificado para conseguir el éxito educativo para todo el alumnado, incluido al inmigrante.

Los GI parten de la idea de que un docente en un aula no puede dar respuesta a cada uno de sus estudiantes que provienen de contextos sociales y culturales diferentes, y con trayectorias y niveles de aprendizaje muy diversos para conseguir los máximos aprendizajes en todo el alumnado.

Sobre esta premisa, los GI son una forma de organización y trabajo en el aula donde entran todos los recursos humanos necesarios para atender las necesidades de todo el alumnado. El alumnado se organiza en grupos heterogéneos de 4-5 personas bajo la tutela de una persona adulta voluntaria encargada de promover interacciones entre las y los estudiantes para realizar diferentes actividades relacionadas con un conocimiento o concepto concreto que previamente ha sido explicado por un docente tutor. De esta forma, realizarán las diferentes actividades programadas en cada uno de los grupos, es decir, entre cuatro o cinco actividades de unos 20 minutos de duración en un espacio aproximado de hora y media.

Las personas que entran en el aula no son solo docentes, sino familiares, profesorado jubilado, voluntariado, alumnado universitario…, con la máxima heterogeneidad posible y de diferentes culturas, con el objetivo de que nadie se quede rezagado en el aprendizaje instrumental y para que todos y todas convivan desde el inicio de forma solidaria.

Por ello, la función de estas personas voluntarias consiste en dinamizar el grupo y garantizar que todo el alumnado consiga resolver de manera individualizada la actividad propuesta, llegando a la compresión y a la solución (o soluciones) a partir de la interacción y el diálogo igualitario entre niños y niñas bajo la dinamización y supervisión de la persona responsable de cada uno de los grupos.

El hecho de poder interaccionar en grupo pequeño hace que el alumnado inmigrante se sienta más cómodo, ya que no siente tanta presión grupal y no tiene tanta vergüenza si todavía no domina el idioma de instrucción, o no ha entendido los conceptos o la actividad propuesta. Además, trabajar en grupos reducidos le da muchas más oportunidades de hablar en un grupo, lo que le permite mejorar la lengua de enseñanza mucho más rápido a la par que puede hacer amigos y amigas, cosa que no ocurre cuando este tipo de alumnado sale de la clase con el profesor o profesora de apoyo o se le coloca en un aula de acogida.

Al mismo tiempo, al trabajar en un grupo reducido, la persona dinamizadora puede atender mucho mejor las necesidades del alumnado y fomentar y asegurar que, a través del diálogo, sean los propios niños y niñas los que vayan resolviendo sus dudas para realizar las actividades propuestas hasta conseguir que todos y todas realicen con éxito sus tareas.

Esta forma de organización permite no tener que sacar del aula y excluir de determinados aprendizajes al alumnado inmigrante que no pueda seguir el ritmo de la media de la clase. Así mismo se garantiza que nadie se quede atrás, aumentando los aprendizajes instrumentales para todos y todas. Al mismo tiempo, estas formas de interacción tienen un impacto positivo también en valores como el compañerismo, la ayuda mutua o saber trabajar en equipo.

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