La sorpresa de Vietnam en PISA

En PISA 2012 sorprendió un país que se estrenaba en la prueba: Vietnam, con una renta per cápita anual de 2.111 dólares –sus habitantes viven, de media, con unos 175 dólares al mes, diez veces menos que los españoles–. En PISA 2015 volvió a hacerlo, escalando del 17º al puesto 8º del ranking con 525 puntos, ligeramente por encima de Hong Kong (523), las cuatro regiones de China continental participantes (523) y Corea del Sur (516); con una puntuación superior a la de países como Estados Unidos (496), Francia (495) o España (493), y 100 puntos más en Ciencias que Tailandia (421).

Los datos demuestran “que el mundo ya no está dividido entre naciones ricas y bien educadas, y pobres y mal educadas”, recuerda el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, en el prólogo del informe, en el que pone de ejemplo que 9 de cada 10 jóvenes vietnamitas de 15 años (94,1%) –que aún están en el colegio– poseen los conocimientos básicos que todo estudiante debería tener al terminar la educación obligatoria y que el alumnado desfavorecido en Vietnam obtiene de media en Ciencias 500 puntos, lo que supera a los más favorecidos de otras 20 economías participantes.

Además, Vietnam cuenta con un 76% de estudiantes resilientes, es decir, aquellos que se adaptan a las situaciones adversas, frente al 32% de los de Estados Unidos, el 27% de Francia o el 39% de España.

Los que se van del sistema

PISA evalúa a los estudiantes de 15 años que aún están en el colegio y una de las críticas que se ha hecho a los resultados de Vietnam es que solo la mitad del alumnado de 15 años continúa en la escuela, frente al 80% de 20 de las 22 economías participantes, “lo que refleja desigualdades en el acceso a la educación en este país”, concluye la OCDE.

La mayoría de los análisis de la prensa se han centrado en este dato. “Muy buenos en el papel”, titulaba The Economist en un artículo en el que recuerda que la matrícula de Vietnam en Bachillerato fue solo del 65%, comparado con el 89% y 98% de EEUU y Reino Unido, respectivamente, o el 95% de Corea del Sur.

El abandono temprano afecta especialmente a jóvenes de las zonas rurales –un 21,1% cursa el Bachillerato frente al 30,7% de las ciudades, según datos de Unicef– y especialmente a las minorías raciales, donde el 25,8% de los matriculados en Bachillerato en Vietnam son de la etnia mayoritaria kinh, frente al 9,4% que tienen otros orígenes.

Inversión y profesionalismo

Christian Bodewing, en la sección Asia Oriental y Pacífico en alza de los blogs del Banco Mundial, observa tres explicaciones. Primero, “los años de inversión en Vietnam centrada en la expansión de la matrícula y los esfuerzos por hacer cumplir estándares mínimos de calidad”. “Casi un 21% del gasto del Gobierno en 2010 se dedicó a la educación, más que en ningún país de la OCDE”, explica el director de la prueba PISA, Andreas Schleicher, en un artículo para BBC, en el que destaca tres ingredientes de éxito de Vietnam: “Un gobierno comprometido, un plan de estudios bien pensado y una fuerte inversión en profesorado”.

En segundo lugar, dice Bodewing, es “el alto grado de profesionalismo y disciplina en las aulas, como revela un informe del proyecto Young Lives sobre la pobreza infantil en Vietnam, India, Etiopía y Perú. Tercero, hace referencia al abandono temprano.

Actividades extraescolares y presión parental

Javier Luque, en el blog del Banco Interamericano de Desarrollo, añade otros dos ingredientes. Uno es la oferta generalizada de extraescolares –un 95% de los directores de Vietnam declararon que sus escuelas ofrecen actividades adicionales para la enseñanza de matemáticas, la tercera tasa más alta después de Rusia y Luxemburgo– y los estudiantes participan en 17 horas de extracurriculares, la cuarta tasa más alta de PISA. El segundo componente es la familia, que, como otros países del Este de Asia, valora especialmente la enseñanza y, a la vez, ejerce una gran presión sobre sus hijos e hijas.

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