Jassir Heredia Blanco: “Se necesitan muchas bibliotecas móviles que recorran cada ciudad, cada pueblo y cada caserío de Venezuela”

Diego Battistessa | Docente e investigador de la Universidad Carlos III de Madrid

La educación es la clave de acceso a todos los demás derechos humanos, no en vano el objetivo número 4 de la agenda 2030 de las Naciones Unidas, inaugurada en 2015 y que trazará la senda del mundo en los próximos 15 años habla de “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. Sabemos que la educación es la clave de acceso a todos los demás Derechos Humanos, y que sin educación para todas y todos no será posible soñar con un mundo que pueda hacer frente a los grandes retos que nos esperan.

Organismos como la Unesco, la IFLA (International Federation of Library Associations and Institutions), y el Consejo de Europa, y documentos como la Declaración de Londres (1982), la Declaración de Caracas sobre la biblioteca pública (1985), el Manifiesto IFLA/Unesco a favor de las bibliotecas públicas (1994), la Declaración de Copenhague sobre el papel de las bibliotecas públicas (1994), y la Resolución del Parlamento Europeo sobre el papel de las bibliotecas en la sociedad moderna (1998) han resaltado su papel y las identifican como impulsoras de los derechos ciudadanos y los valores democráticos.

En diferentes latitudes y sectores se están activando (más o menos eficazmente) esfuerzos en el tema educativo. Hablando de América Latina y del Caribe, región con la que España mantiene vínculos culturales, históricos y afectivos, me gustaría presentar un proyecto que se ha inaugurado en este comienzo de 2018 y que promete impulsar de manera innovadora y creativa el acceso a la educación utilizando la biblioteca como instrumento de cohesión y amalgama social. Nos encontramos en Venezuela y hablamos con Jassir Heredia Blanco, presidenta de la Fundación Un grano de arena, creadora y patrocinadora del proyecto: Biblioteca móvil El Principito.

¿De qué se ocupa y como nació la fundación Un grano de arena?

Un grano de arena es una asociación civil sin fines de lucro dedicada principalmente a desarrollar programas educativos que sirvan de apoyo al desarrollo integral de las generaciones más jóvenes de venezolanos y venezolanas. La asociación nace en Caracas (Venezuela) cuando, informalmente, un grupo de familiares y amigos nos unimos para realizar trabajos de labor social de manera ocasional. Hoy, la asociación tiene sede en Venezuela, en las ciudades de Caracas y Maracay, y en Estados Unidos, donde recientemente hemos obtenido el estatus 501 (c) (3), es decir, la exención de impuestos otorgada a las organizaciones sin fines de lucro por el Servicio de Impuestos (IRS) del Departamento del Tesoro.

¿De qué trata el proyecto de Biblioteca móvil El Principito?

La Biblioteca móvil El Principito es un proyecto que desarrollará programas educativos y culturales en zonas rurales. A diferencia de las bibliotecas tradicionales no ofrecerá el servicio bibliotecario de préstamos de libros; sin embargo, el autobús está dotado de computadoras que ya tienen descargados una serie de libros para uso del público y de las personas voluntarias de la fundación. Estos libros fueron seleccionados en base a diferentes tópicos: derechos humanos, género, diversidad familiar y desarrollo sostenible, entre otros. La idea es apoyar el proceso educativo en la formación de una generación que pueda afrontar los nuevos retos que tiene la humanidad. Desde hace algún tiempo hemos escuchado que el mundo requiere una ciudadanía global que sea consciente, analítica, crítica; que sea capaz de afrontar los nuevos desafíos y buscar soluciones, y la Biblioteca móvil El Principito no tiene otro objetivo que ser parte del proceso educativo transformador. ¿Cómo se lograrán estos objetivos? ¿Cómo podemos poner nuestro grano de arena? Utilizando la lectura como una herramienta poderosa para promover el análisis crítico, ofreciendo talleres de sensibilización para niñas y niños, y talleres profesionalizantes para padres y madres de familias monoparentales, charlas tanto en línea como presenciales…, en fin, creando el espacio ideal para ayudar a las personas a construir su individualidad y también en conexión con el mundo que les rodea.

¿Cómo nació el proyecto?

A principios de 2015 comenzamos una campaña de recolección de libros; pero, al poco tiempo de comenzarla, nos dimos cuenta de que no teníamos un espacio físico donde almacenarlos ni donde dictar talleres de lectura. De ahí nace la idea de una biblioteca móvil. Nos ahorrábamos gastos operativos y teníamos la ventaja que seríamos nosotros quienes iríamos a las comunidades y no las comunidades las que vendrían a nosotros, lo que nos aseguraba un poco el dinamismo. Realmente no teníamos mayor idea de cómo sería el proyecto, cuánto tiempo nos llevaría y mucho menos cuánto dinero, así que comenzamos por lo primero, educándonos.

Se empezó entonces un trabajo investigativo sobre el sistema nacional de bibliotecas públicas en Venezuela y cómo está conformado, y la conclusión a la que llegamos es que realmente no se necesita una biblioteca móvil, se necesitan muchas bibliotecas móviles que recorran cada ciudad, cada pueblo y cada caserío de Venezuela. Hablando un poco de estadísticas, el país cuenta solamente con 783 servicios bibliotecarios a nivel nacional en sus diversas modalidades, incluyendo salones de lectura y puntos de préstamos; y, según el Instituto Autónomo Nacional del Libro, el 80% de la población reconoce que no asiste a una biblioteca pública. Con el bibliobús llenamos un poco ese vacío de los servicios bibliotecarios y tendríamos la posibilidad de acercar la biblioteca a la comunidad.

¿Cuáles han sido los principales tropiezos en la realización del proyecto?

Pensábamos, inocentemente, que para 2016 tendríamos la primera biblioteca, pero la realidad nos golpeó de frente. Aunque apenas nació la idea nos donaron un viejo autobús escolar, repararlo y acondicionarlo fue muy difícil y ahora, casi 3 años después, recién hemos podido inaugurar el primer bibliobús. Estamos trabajando con unas condiciones muy particulares, con una situación-país muy compleja, y eso afecta mucho. Para dar un ejemplo sencillo, si necesitamos comprar un repuesto para el autobús, solicitamos el presupuesto, empezamos la campaña de recaudación de fondos y, cuando ya tenemos los fondos, ese repuesto ha aumentado de precio. En el camino son muchos los obstáculos a los que nos hemos enfrentado: desde falta de recursos económicos hasta la falta de artesanos para trabajar en la reparación del autobús, porque muchas y muchos se han ido a buscar trabajo a otros países.

¿Cómo hacen para conseguir los fondos?

La organización realiza varios eventos anuales para recaudar fondos, tales como cenas benéficas, venta de garajes donde vendemos ropa de segunda mano que ha sido donada para ese fin, por ejemplo. Nuestros socios fundadores también han puesto sus aportes y contamos con el apoyo de la Fundación C.D.E.I Communitas Dei, con sede en Nueva York y Miami, quiénes han sido un gran soporte durante todo este recorrido, además de habernos donado las computadoras que están instaladas en el bibliobús.

¿Cuál sería su mayor reto?

Por un lado, la aceptación por parte de las comunidades; y, por otro, la sustentabilidad financiera, establecer los mecanismos y determinar cuáles son las mejores herramientas para lograr el financiamiento de los servicios bibliotecarios.

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