Voces a favor y en contra del llamado “Uber de la educación”

Lo comparan con el “Uber de la educación”, en referencia a la empresa internacional que conecta a pasajeros y conductores de coches autónomos. Unos pagan menos, otros cobran poco. La compañía se lleva una comisión de la operación. Uber es la startup más valorada del mundo –en 70.000 millones de dólares, según Forbes–.

Son los colegios privados low cost que se expanden por los países en desarrollo. Su máximo exponente es Bridge International Academies, la mayor cadena de escuelas privadas de bajo coste del mundo. Abrió sus puertas en Kenia, en 2009, y opera para unos 100.000 alumnos, en más de 520 escuelas de Primaria e Infantil de Kenia, Uganda, Nigeria, Liberia e India. Cuenta con potentes inversores como Bill Gates, Mark Zuckerberg (Facebook) o Pierre Omidy (de EBay), así como el Banco Mundial o los gobiernos de Estados Unidos y de Gran Bretaña, aseguran desde la Iniciativa Global para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (GI-ESCR), una ONG que estudia cómo la privatización de la enseñanza en países en desarrollo afecta a los Derechos Humanos.

Para sus creadores, este tipo de escuelas permiten “ofrecer a las familias, independientemente de sus ingresos, una opción”, argumenta Bridge en su web. Puesto que, “la oferta de escuelas con la que cuentan o padecen una calidad desigual, corrupción, insuficiencia crónica de fondos y absentismo docente, o son escuelas privadas caras”, continúa. Su modelo son colegios más baratos –unos 6 dólares al mes, detalla The New York Times– que otros centros privados y funciona con un contenido establecido en una tableta.

Para sus críticos, “no deberían llamarse low cost porque no son tan baratas”, critica Sylvain Aubry, el asesor jurídico y de Investigación de GI-ESCR, que expone que “para la mitad de la población de Kenia o Uganda, enviar a tres hijos a una escuela Bridge le costaría al menos un 61% de sus ingresos”. Según un informe de la Iniciativa Global, la matrícula en las escuelas Bridge va de 6,5 a 9 dólares, dependiendo del curso, a lo que se suma el uniforme –que cuesta unos 18,5 dólares al año y los libros. La renta per cápita en Uganda es de 705,3 dólares al año, según el Banco Mundial (2015), es decir, unos 58 dólares al mes.

“Más bien deberían llamarse escuelas privadas de baja calidad”, continúa Aubry, que en el blog Next Million de la Universidad de Michigan, se refiere además a “las condiciones laborales de los docentes en estos colegios: entre 59 y 65 horas a la semana por unos 100 dólares al mes. “No estamos en contra de las escuelas privadas, como tales”, puntualiza.

Juicios en Uganda y Kenia

Durante 2016, dos decisiones judiciales avivaron la polémica sobre estas escuelas, en Uganda y Kenia. En el condado de Busia (Kenia) ordenaron el cierre de 10 de las 12 escuelas de Bridge. En Uganda, el Ministerio de Educación emitió una orden para el cierre de los 63 colegios que Bridge posee en el país, aunque finalmente no se produjo, aclaran desde la compañía: “Primero, ningún colegio Bridge se ha cerrado en Uganda”, puntualiza, Ben Rudd, director internacional de Relaciones Internacionales de la cadena de escuelas, que especifica que “las escuelas Bridge están abiertas legalmente en Uganda, y así lo han estado siempre, donde actualmente sirven a 12.000 estudiantes. La matrícula ha aumentado este año”.

Rudd asevera que después de la orden de cierre del Ministerio, del 25 de julio, Bridge International Academies envió una petición al Tribunal Superior del país para revisar el caso, ya que la directiva de la cadena de escuelas “no había tenido la oportunidad de defenderse contra las denuncias planteadas en un informe que fue el fundamento de la orden de cierre” y “el Tribunal Supremo emitió una suspensión de la ejecución permitiendo que las 63 academias continuaran operando”.

El Gobierno de Uganda decidió cerrar escuelas de Bridge después de llevar a cabo inspecciones escolares y descubrir que no cumplían con los estándares de educación nacional, incluidas las normas de salud y seguridad”, cuestiona Aubrey. “En este contexto, es sorprendente que el Gobierno cambie de posición. Parece que la ministra de Educación, la Sra. Museveni, se ha reunido con la directiva de las academias Bridge en el Foro Mundial de Educación, en enero y que su posición ha cambiado desde entonces”, lanza.

El informe de la IE

El informe de la Internacional de la Educación de Uganda que llegó a juicio, titulado Schooling. The Poor Profitaby (La educación. Pobre con rentabilidad), define los que denomina “dos oportunidades de mercado” de estas escuelas. La primera, son los 800 millones de estudiantes de Infantil y Primaria que viven con menos de dos dólares al día; y, la segunda, los 179 mil millones de fondos que existen para financiar el mercado de escuelas charter (fondos públicos y gestión privada) en países en desarrollo. Uno de sus autores, un estudiante de doctorado canadiense, Curties Riep, tras su investigación, fue detenido y puesto en libertad dos días más tarde. Días antes de su detención, Bridge publicó un anuncio con su foto en la prensa local alegando que lo buscaba la policía.

El 21 de abril de 2017, los responsables de varios sindicatos docentes enviaron una carta al presidente del Banco Mundial, Jim Yong King, criticando lo que llaman “el desastroso registro de las Bridge en África”. Mientras tanto, en Kenia, un país con un número de habitantes similar al de España (46 millones, según el Banco Mundial), un millón de niños está fuera del colegio. Son la mitad que en 1999, pero aún así, se trata de la novena tasa más alta del mundo, denuncia la Unesco (2011). El absentismo docente en Uganda es del 27%, cifra el Banco Mundial.


Liberia subcontrata sus escuelas

En enero de 2016, el Gobierno de Liberia anunció que subcontrataría las escuelas públicas de Infantil y Primaria a través de una asociación público-privada piloto, la Schools Partnership for Liberia (PSL). De este modo, serán empresas y ONG las que gestionen sus colegios.

La PSL se lanzó en septiembre de 2016, “con 93 escuelas para 27.000 niños, operadas por ocho actores privados”, especifican en GI-ESCR. En concreto, Bridge International Academies (25), Omega Schools (17), Rising Academies (5), las ONG BRAC Liberia (20), Street Child (12), More Than Me (6), Liberian Youth Network (4) y Stella Maris (4). Inicialmente, Bridge era el único operador privado. El piloto durará, en principio, tres años. El gobierno de Liberia anunció en febrero que abrirá 100 escuelas más de este tipo en septiembre de 2017.

Liberia, un país de 4,5 millones de personas, dos millones menos que en la Comunidad de Madrid, fue el lugar elegido en 1822 por la Sociedad Americana de Colonización para enviar a los esclavos afroamericanos liberados. Es el octavo país más pobre del mundo, asolado por dos guerras civiles entre 1989 y 2003. Cuando apenas se levantaba, en 2014 arribó la epidemia del Ébola, que afectó a unos 11.000 liberianos y por la que se cerraron la mayoría de escuelas en el curso 2014-2015.

“Nadie niega que la situación del sistema educativo en Liberia sea muy desafiante y necesite mejoras”, critica Sylvain Aubry, el asesor jurídico y de investigación de la Iniciativa Global para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. “Sin embargo, ¿utilizar los escasos recursos disponibles en educación para transferir la gestión de docenas de escuelas a un conjunto de proveedores privados más caros, algunos de los cuales son lucrativos y tienen un historial cuestionable, es la solución correcta?”, concluye.

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