Todo podría ser diferente


Si hubieras nacido en aquella tierra, podría ser tuya la que es su tristeza“. Joana Raspall

En medio de una crisis social de carácter global, donde “cada minuto, veinticuatro personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror”, según datos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), es tiempo de parar y reflexionar el papel que nos corresponde desempeñar en esta situación a la cual no podemos seguir dándole la espalda.

Como adultos, tenemos que hacernos responsables. Como docentes, todavía más. Pero, ¿qué pasa con nuestras niños y niños, con jóvenes y adolescentes? Ellas y ellos también tienen que participar en la acogida y el entendimiento de quienes abandonan sus redes, sus hogares, sus escuelas, sus ciudades y países, y se lanzan a una aventura peligrosa e ingrata en la búsqueda de un lugar mejor donde poder vivir… ¿Por qué no estamos haciendo nada al respecto?

Bueno sí, se hacen cosas. Pero, claramente, no son suficientes. La situación de personas refugiadas y desplazadas es casi insostenible. Y lo lleva siendo en los últimos tres años. Europa no ha sabido (o no ha querido) estar a la altura de las circunstancias, olvidando su pasado cuando mucha gente huyó a causa de las grandes guerras o de los períodos más complicados de los siglos XVIII, XIX y XX. Esas personas no son enemigas ni vienen a quitarnos derechos, trabajos o nuestros hogares, sino que son víctimas que han sido arrancadas de su seguridad y sus vidas para obligarlas a atravesar grandes distancias, lejos de sus raíces.

El primer paso para comprender esta situación y hacer algo por ella es ponerse en su lugar, y comprender que esa experiencia no ha sido una elección, sino que es una imposición perversa a causa de las guerras, del hambre, de la desazón… Niñas y niños podrán encontrar esos pequeños destellos de empatía en el texto de Joana Raspall (1913-2013), escritora y bibliotecaria conocida por su importante obra literaria en lengua catalana, que hoy cobra total vigencia: Podrías.

Con magníficas ilustraciones de Ignasi Blanch, y editado por Takatuka –una editorial a la que no debemos perder de vista–, el poema de Raspall, originalmente publicado en 1998, llega hasta nosotros precisamente para poder trabajar en casa, en el aula, o en cualquier otro espacio, el entendimiento racional y emocional de la situación de las personas refugiadas y desplazadas en el mundo, despertando las conciencias sobre lo que ello significa y descubriendo lo volátiles que son la seguridad y la paz, y la importancia de que, como seres humanos, seamos capaces de comprendernos y de acogernos.

Una sencilla reflexión en verso sobre la condición humana, la necesidad de ayudarnos los unos a los otros y que es, a la vez, un emotivo homenaje a todas las personas que han tenido que abandonar sus hogares.

Acerca de Tomás Loyola Barberis 23 Articles

Periodista y editor, con 20 años de experiencia en medios de comunicación online

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