“Aulas intergeneracionales”: centros educativos para/entre/con todas las edades

Ignacio Chato Gonzalo | Doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza

Desde hace cuatro años, nuestro centro, el IES Jaranda, situado en una zona periférica y rural del noroeste de la provincia de Cáceres, inició un serio compromiso con el principio de la solidaridad intergeneracional y las acciones formativas que de su aplicación se derivan. Los principales objetivos que nos propusimos con esta línea de trabajo han sido:

  • Fomentar el encuentro entre nuestros adolescentes y jóvenes y los adultos mayores para la realización de actividades conjuntas estructuradas en programas intencionados con beneficios para ambos.
  • Reconstruir la figura social de los adultos mayores y resituarla en una posición central, concibiéndolos como un recurso necesario en nuestras sociedades.
  • Combatir los estereotipos y prejuicios mutuos que surgen entre generaciones y prevenir actitudes negativas asociadas a la edad (edadismo).
  • Desarrollar en nuestros alumnos actitudes, habilidades y estrategias relacionadas con las habilidades sociales, la solidaridad, la entrega, la responsabilidad, la empatía y otras dimensiones relacionadas con la competencia emocional, y la autonomía y la iniciativa personal.
  • Participar en propuestas de innovación y experimentación dentro del ámbito emocional, al objeto de potenciar las dimensiones de esta competencia como medio para alcanzar mayor efectividad en el aprendizaje, la sociabilidad, la prevención de problemas y la mejora de la autoestima.
  • Promover en los adultos mayores los valores asociados a la estrategia del envejecimiento activo, fomentando el principio del aprendizaje permanente a lo largo del ciclo vital y favoreciendo la socialización, el sentimiento de utilidad y el bienestar emocional.

Aunque el grueso de nuestra actividad se ha desarrollado en un centro residencial, ServiMayor, ubicado en un municipio cercano, en donde desarrollamos varias líneas de acción como el programa Trigeneracional, el Taller de cocina terapéutica o el Campamento de trabajo Encuentros Intergeneracionales entre otros, desde el curso pasado decidimos disponer de un espacio de convivencia entre edades en el propio instituto. Fue así como surgió el Aula intergeneracional, un escenario tanto físico como virtual que ubica e integra a adultos mayores en el centro, y que favorece la realización de experiencias y actividades con los demás alumnos.

Contamos como base de este grupo inicial el aula de alfabetización que gestiona el ayuntamiento de la localidad, lo que ha facilitado la presencia de un grupo relativamente numeroso. Pero el formato, los planteamientos y la propia metodología de este tipo de cursos no se adaptan bien a los objetivos y fundamentos de nuestro programa intergeneracional. De hecho, esta experiencia supone también una vía para la renovación con respecto al aprendizaje de los adultos mayores, aún más resistente a los procesos de innovación. Al fin y al cabo, la mayor parte de las experiencias educativas que llevamos a cabo se basan en metodologías activas, centradas en el aprendizaje por proyectos y, por supuesto, en el trabajo en equipo y el aprendizaje cooperativo, esenciales para dar curso a todos los beneficios que aportan las relaciones intergeneracionales.

Los programas intergeneracionales son vistos como una vertiente más del Aprendizaje-Servicio, en cuanto suponen en sí mismos un aporte a la comunidad. Es cierto que hay un importante número de adultos mayores que precisan de ayudas que los servicios sociales no logran totalmente cubrir. También existen mayores autónomos con ciertas necesidades sociales, relacionales y emocionales y, en general, con carencias culturales que les dificulta vivir los valores propios de un envejecimiento activo. Para todos estos colectivos, no hay duda de que resulta suficiente y positivo el fomentar su encuentro con jóvenes, adolescentes y niños, lo que contribuye directamente a su bienestar. Pero el Aula Intergeneracional no se considera solo como ese espacio de encuentro, sino como un centro de acción, en donde se juntan recursos de alto valor mutuo para el desarrollo de actividades conjuntas, encaminadas al logro de objetivos y metas de alcance social y de servicio a la comunidad. Además de su contribución a combatir la segregación etaria que los centros educativos, como todo espacio público, se resisten a derribar.

Más información sobre la experiencia en este enlace: https://tablasparalavida.blogspot.com.es.

(Imagen: https://tablasparalavida.blogspot.com.es)


Ignacio Chato Gonzalo es Doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza. Profesor de Secundaria en el IES “Jaranda”, Jarandilla de la Vera (Cáceres). Coordinador de Proyectos Intergeneracionales y de Aprendizaje Basado en Proyectos. Miembro de la Comisión de Programas Intergeneracionales de la Junta de Extremadura.

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