La importancia de las maestras, de los maestros, de los docentes

Marta Macho Stadler | Matemática y divulgadora científica

Hace unos días participé en el Seminario de Historia de la Matemática que se organiza desde hace treinta y nueve años en la Universidad Complutense de Madrid. Fui a hablar de Katherine Johnson (1918), una matemática con extraordinarias capacidades de cálculo, conocida gracias a la película Figuras ocultas, estrenada el año pasado. La historia se basa en el libro del mismo título escrito por la periodista Margot Lee Shetterly, que creció en Hampton (Virginia, Estados Unidos), donde conoció a la mayor parte de las mujeres protagonistas del relato.

Margot Lee Shetterly relata la historia de un grupo de mujeres afroamericanas que, relegadas a enseñar matemáticas en escuelas segregadas del sur, fueron llamadas por la industria aeronáutica de Estados Unidos durante la escasez laboral de la Segunda Guerra Mundial. El Langley Research Center (Hampton, Virginia), el más antiguo de los centros de la NASA, fue fundado en 1917 por el National Advisory Committee for Aeronautics (NACA). Contrató a mujeres, y después a mujeres afroamericanas, para realizar los cálculos requeridos en los distintos procesos de diseño y operación de los aviones que luchaban contra el ejército nazi. Tras la Segunda Guerra Mundial, las instalaciones de Langley se reciclaron para desarrollar los aparatos que serían la base de la aviación civil norteamericana.

Y, desde mediados de la década anterior, los matemáticos solían ser mujeres. La primera sala de computación de mujeres de Langley, fundada en 1935, había causado un auténtico revuelo entre los hombres del laboratorio. ¿Cómo podía la mente de una mujer procesar algo tan riguroso y preciso como las matemáticas? ¡Invertir quinientos dólares en una máquina calculadora para que la utilizara una chica! […] Pero las “chicas” resultaron ser buenas, muy buenas, mejores incluso que muchos de los ingenieros.

Margot Lee Shetterly, Figuras ocultas

En el Langley Research Center las mujeres negras estaban separadas de sus compañeras blancas, ya que las llamadas leyes Jim Crow estuvieron vigentes en Virginia hasta 1965. Tenían mayor pericia que las calculistas blancas ya que, en su mayoría, contaban con años de experiencia como maestras y eran graduadas en matemáticas.

Katherine Johnson fue una niña prodigio que lo contaba todo: “Desde niña empezó a contar: estrellas, platos, escaleras… Cualquier cosa”. Nacida en agosto de 1918 en White Sulphur Springs (Virginia), desde pequeña demostró su talento para las matemáticas. Lamentablemente, las leyes de segregación racial en Estados Unidos solo le permitían estudiar hasta octavo curso en su condado natal. Decididos a que sus hijos e hijas tuvieran una buena educación, la madre –que era maestra– y el padre de Katherine decidieron mudarse a Institute (Kanawha, Virginia), donde Katherine pudo matricularse en el West Virginia Colored Institute para afroamericanos. Katherine se graduó a los 14 años y con 15 continuó sus estudios superiores en el West Virginia State College, donde consiguió sus grados en matemáticas y francés a los 18 años.

Durante sus años de estudio tuvo el apoyo de varias profesoras y profesores que fueron capaces de detectar sus extraordinarias aptitudes. Una de ellas fue la química y matemática Angie Turner King, una de las primeras afroamericanas en obtener un doctorado en educación matemática. Fue, sin duda, un referente para la pequeña. También fue fundamental en la formación de Katherine el matemático W.W. Schieffelin Claytor, el tercer afroamericano en obtener un doctorado en Estados Unidos. El profesor Claytor vio tal potencial en Katherine que creó asignaturas de geometría analítica y aeronáutica específicamente para ella. Él confiaba en que su alumna pudiera dedicarse a la investigación; pero, en aquella época, una mujer lo tenía muy difícil para proseguir sus estudios, más si era afroamericana.

A pesar de que Katherine podría haberse convertido en una excelente investigadora, no pudo ser. Pero en el Langley Research Center, Katherine fue una calculista muy especial. Como experta en matemáticas y geometría, su trabajo consistía en realizar todas las operaciones y comprobaciones de cálculo que requerían los ingenieros aeronáuticos. Pero Katherine no se conformó solo con hacer ese trabajo. Empezó a interesarse por el origen de los cálculos que revisaba y corregía, y exigió participar en los avances científicos de su país. Y lo hizo… pero esa es otra historia.

¿Qué habría sido de Katherine sin una madre maestra? ¿Y sin el apoyo de aquellas y aquellos docentes que fueron capaces de percibir su talento? Posiblemente habría sido una esposa y una madre, trabajando y luchando por su familia. Pero, entonces, ¿habría realizado Alan Shepard su vuelo suborbital en 1961? ¿John Glenn habría realizado su vuelo orbital alrededor de la Tierra en 1962? ¿El Apolo 11 habría llegado a la Luna en 1969? Y el Apolo 13, ¿habría regresado a la Tierra en 1970 con todos sus tripulantes vivos? Probablemente no…

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