“La verdadera amistad dura siempre, más allá que la propia vida”

Ramón Flecha | Catedrático de Sociología de la Universidad de Barcelona

La educación en la amistad tiene consecuencias extraordinarias para las vidas profesionales y personales de nuestro alumnado. La investigación que más datos nos aporta sobre las trayectorias humanas es la que lleva haciendo Harvard desde hace ya ochenta años; una de sus principales conclusiones es que la felicidad no correlaciona con el dinero o tener pareja, sino con nuestras relaciones más próximas. Aunque a los veinte años muchas personas sueñan con ser Bill Gates o Michael Jackson, décadas después cuando recuerdan sus vidas destacan sus amistades y, con frecuencia, las que hicieron en el período escolar.

Cuando Erikson añadió cinco etapas de la vida a las cinco ya tradicionales (que iban de la infancia a la juventud), la última de ellas la caracterizó por el conflicto integridad versus desesperación. Repasas tu existencia y ves si has logrado o al menos te has acercado a los que habían sido tus sueños. Según Erikson, si la respuesta afirmativa te hace sentir una plenitud, llegas a lo que denominó integridad; si no, decía que caías en una especie de desesperación. En la extraordinaria película de Orson Welles, Ciudadano Kane, el gran potentado rodeado de dinero y poder dice como última palabra al morir: Rosebud. Nadie se pudo imaginar que ese era el nombre del modesto trineo que tenía de pequeño cuando realmente era feliz.

Una de las veces que dije “la verdadera amistad dura siempre”, me contestaron “¿para toda la vida?” y respondí “no, todavía más: siempre”. Ya hace 12 años que nos dejó mi mejor amigo Pato y me encargó que fuera padrino y cuidara de la niña que iba a nacer dos meses más tarde. Hoy hubiera sido su cumpleaños, motivo por el que regalé a su hija Roméo et Juliette en el Liceo. Antes de salir de su casa, me envió una foto. Pregunté, “¿quién es esa niña tan preciosa? Su respuesta: “yo soy Ainara, pero la de la foto es Juliette”. Hoy se ha despertado con la canción que ha puesto su madre: Txoria, txori, muy preferida por Pato, y dice que ha recibido un beso de su papi. La amistad que nació en el patio de mi escuela jugando contra el equipo de la suya, sigue y seguirá creando sentimientos extraordinarios con su hija y en otras personas.

Educar en la amistad en el período escolar es quizá lo más importante que podemos hacer para nuestro alumnado. Por supuesto, no se trata de hacer talleres de educación en la amistad, sino transformar todas las actividades de nuestro centro para que, entre otras cosas, posibiliten la realización de sus ganas de tener verdaderas amistades en la época en que más creen en ellas. Así mejorarán en todo en sus vidas, incluyendo sus resultados académicos. He dicho y escrito varias veces que en educación hay que suprimir las nefastas “o” y sustituirlas por “y”. Si elegimos entre educar en la amistad o en mejores resultados académicos, perjudicamos ambas cosas. Por el contrario, si optamos por educar en la amistad y en resultados académicos (además de los muy importantes valores y otras cosas), estamos mejorando ambas dimensiones del aprendizaje, estamos facilitando que las chicas y chicos tengan mejores vidas en todos sus ámbitos y también las nuestras.

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