Enseñanzas artísticas en tierra sin ley

Víctor Pliego de Andrés | Catedrático del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid

¿Cabe que un país moderno siga teniendo territorios sin ley en el siglo XXI? Pues así es: las enseñanzas artísticas subsisten en un espacio difuso, en un limbo repleto de vacíos legales que solo la indomable vocación artística de sus habitantes logra salvar. Constituyen un grupo heterogéneo formado por música, danza, arte dramático, restauración, artes plásticas y diseño que están al margen de las enseñanzas generales y de las universitarias.

La universidad ha cambiado enormemente desde que en 1999 se iniciara el proceso de Bolonia y ello ha supuesto la ampliación de su oferta con estudios que compiten con los centros superiores de enseñanzas artísticas. Es deseable que algunos de estos últimos terminen por incorporarse al sistema universitario en forma de adscripción, facultad o universidad de las artes. Todo eso cabe en el marco legal vigente que es muy plural; pero, dependiendo de su entorno, otros centros seguirán estando fuera. Los primeros contarán con todo el aparato normativo universitario; los segundos necesitan urgentemente una Ley de Enseñanzas Artísticas que regule su funcionamiento, del mismo modo que otras leyes lo hacen en universidad, en las enseñanzas generales o en el deporte. ¿Acometerá el Gobierno la iniciativa? ¿Facilitará la integración universitaria donde sea posible? ¿Será en esta legislatura?

En todo caso, no se puede reformar nada sin un presupuesto. Toda ley de calado ha de contar con una memoria económica que garantice la inversión necesaria en personal académico y de gestión, para los centros y las administraciones, en instalaciones, equipamiento y mantenimiento. A modo de ejemplo podemos mencionar que las últimas reformas han supuesto un lanzamiento de las orquestas en los conservatorios, aunque prácticamente ninguno disponga de espacios adecuados para acogerlas ni de personal específico para su gestión. Aun así, a pesar de las penurias, se ofrece una formación sinfónica de primera en muchos conservatorios gracias al esfuerzo del alumnado y profesorado.

La buena disposición, dedicación, sacrificio y afán de superación de la comunidad artística tiene sus límites: no basta. Las enseñanzas artísticas necesitan una ley que dote de autonomía efectiva a los centros para desarrollar sus actividades, igualdad con el alumnado universitario, títulos con denominación de Grado, cuerpos específicos diferentes para las enseñanzas de cada nivel, reconocimiento de las actividades artísticas e investigadoras, sistemas de acreditación y evaluación adecuados, garantías de financiación, etc.

Lo que la comunidad académica tiene muy claro es que no deben seguir como hasta ahora, bailando en la oscuridad, en tierra de nadie, donde los vacíos legales se subsanan con disposiciones procedentes de la enseñanza general, inadecuadas para estas. La promulgación de una Ley de Enseñanzas Artísticas, con su correspondiente inversión, es una necesidad urgente.

Las enseñanzas artísticas son poco numerosas, pero resultan enriquecedoras para la vida cultural con actividades que revierten en el entorno social y que proyectan nuestro fantástico patrimonio en todo el mundo. Tenemos un extraordinario potencial artístico y cultural que aún está por reconocerse en un sector tan transcendental como es la educación. ¿Cuándo llegará la hora de las enseñanzas artísticas?

Puedes firmar la petición “Ley de Enseñanzas Artísticas ¡Ya!” aquí.

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