Castigados sin vacaciones

Víctor Pliego | Catedrático del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid

Los profesores interinos de Madrid han estado castigados sin vacaciones desde 2012. La autoridad ha decidido levantarles por fin el castigo y este verano no serán despedidos como ha ocurrido en los anteriores, aprovechando las vacaciones escolares. Pero tan estupenda noticia se ha recibido sin pena ni gloria.

El maltrato infligido, junto a otras mil penalidades soportadas en la enseñanza desde hace lustros, ha destruido progresiva pero inexorablemente las esperanzas, ilusiones, sentimientos y alegrías del personal docente. En su lugar encontramos mucha más fatiga, resignación y sumisión que unos años atrás. ¿Para qué ha servido este sacrificio? Oficialmente la medida pretendía ahorrar dineros y salvar la crisis económica desencadenada hace dos lustros por los especuladores internacionales. Sin embargo, durante las vacaciones escolares, los afectados por despido han cobrado el subsidio de desempleo que les corresponde.

Desconozco si alguien se ha molestado en hacer números, pero si consideramos este capítulo, así como el coste de las gestiones derivadas, me temo que el ahorro final es insignificante. Y eso sin contemplar los daños psicológicos y las disfunciones que todo ello provoca en la enseñanza: incremento de la incertidumbre ante el futuro inmediato, bajas médicas por depresión, contratos por días sueltos para realizar exámenes, degradación de las actividades no lectivas, dificultades en la organización de los centros, etc.

Me parece a mí que la contribución de los interinos para salvar una crisis, que alcanzó cifras astronómicas y nunca vistas, es solamente una gota en un océano de corrupción sembrado de quiebras bancarias, autopistas radiales, campos de golf, aeropuertos abandonados y demás monumentos a la avaricia. Pero, según parece, las expectativas de los especuladores mejoran de nuevo y la superioridad ha decidido levantar el castigo para festejarlo. ¿Existe acaso alguna secreta conexión entre la crisis y el veraneo del personal interino?

Más allá del ahorro, esta actuación fortalece la consigna de que la educación pública o la mayor o menor estabilidad del profesorado pudieran ser responsables, de una forma u otra, de la crisis. Cuando se castiga a los sectores vulnerables por los pecados que han cometido los poderosos, estos transfieren sus culpas a sus víctimas y, al mismo tiempo, previenen cualquier posible y legítima protesta que pueda dañar su imagen o, quien sabe, desembocar en algún freno a sus abusos. Se da a entender que a la gente solo le irá bien siempre que sus amos estén felices y contentos. Son falacias que se repiten de mil maneras a través de los medios de comunicación de masas. No encuentro mejor explicación. Lo más perverso es que tales mentiras puedan llegar a marcar la agenda política, hacerse realidad y que, finalmente, la gente se adhiera a ellas por sumisión o cansancio.

Nos enfrentamos a un nuevo autoritarismo blando e insidioso que penetra por todos los poros de la sociedad y que, en un sector tan estratégico como es la enseñanza, se aproxima a la juventud y orienta el futuro. Resulta muy difícil difundir la verdad, el conocimiento, la justifica, la racionalidad, la bondad, la solidaridad, la ilusión y demás valores fundamentales para el progreso humano en un entorno organizativo donde se impone todo lo contrario.

Los interinos de la Comunidad de Madrid son unos 15.000 trabajadores y constituyen cerca del 30% del profesorado no universitario. El castigo ha sido levantado, pero el mensaje ha quedado claro y grabado a fuego: nuestra dicha solo será posible cuando los amos del universo vean cumplidas sus ambiciones por encima de cualquier otra consideración. Mientras los poderosos sigan acumulando riquezas sin cuento podremos estar tranquilos. ¿O no? ¡Feliz verano a todos y todas!

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