Música y necrofilia

Víctor Pliego | Catedrático del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid

Los melómanos son devoradores de cadáveres. El repertorio principal de la música clásica está formado por obras de siglos pasados, de compositores muertos. La necrofilia musical es un fenómeno relativamente moderno que además sintoniza con la denominación de unas instituciones educativas: los conservatorios.

El amor por la taxidermia convive con la renovación vivificadora, especialmente visible en los teatros de ópera que ponen todo su empeño en modernizar el género a través de puestas en escena muy llamativas. Pretenden extraer la sustancia emocional de los títulos consagrados, reemplazando contextos, situaciones y acotaciones por aportaciones propias, para sintonizar con la sensibilidad del público actual. En realidad, subestiman la capacidad de los espectadores y tratan de justificar desestructuraciones, interpolaciones y palimpsestos, más propios de una producción experimental y completamente nueva: de un estreno.

Pero el aprovechamiento del valioso patrimonio operístico es irresistible para muchos directores de escena por todo lo que significa de resonancia, de recursos, de poder y de prestigio. El patrimonio inmaterial se deja manipular fácilmente, mucho más que el de naturaleza física. Sin llegar a los extremos de la lírica, la interpretación musical clásica se ha ido adaptando natural e inconscientemente a los cambios y a las modas de cada momento. Esta evolución ha cobrado fuerza con las versiones históricas que aportan una coherencia y una fuerza perfectamente compatibles con la fantasía y la diversidad. Solo hace falta sacar las orejas a pasear por conciertos y grabaciones (con la perspectiva de todo un siglo) para descubrir que lo histórico es muy actual y que no tiene nada que ver con momias acartonadas.

Tal vez la formación de los intérpretes podría abordar estas discusiones, especialmente en los conservatorios superiores. La creación no muy remota de departamentos de música antigua ha sido un gran aliciente. Cabe preguntarse qué presencia hay en la enseñanza musical de estos apasionantes debates interpretativos y qué reflexiones se hacen en las aulas a la hora de poner en pie la música de cualquier tiempo, incluido el presente.

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