Modelos educativos = Innovación permanente

María Antonia Casanova | Universidad Camilo José Cela (Madrid)

Con demasiada frecuencia, en mi opinión, desde el ámbito político se proponen cambios en la educación que implican nuevos “modelos educativos”, los cuales responden, en definitiva, al perfil de ciudadano que la ideología gobernante quiere para el futuro de la nación, en el mejor de los casos. En otros, desafortunadamente, no se puede asegurar ni eso; es decir, que esas modificaciones solo responden al deseo de suprimir lo que había hecho el gobierno anterior para poner lo suyo, incluso sin haber comprobado lo que funcionaba o no.

Observando las situaciones que se producen desde un punto de vista técnico-pedagógico, docente, se comprueba que, en la mayoría de las reformas propuestas, poco cambia dentro de las aulas, lo cual lleva a conclusiones erróneas, tales como pensar que las propuestas impulsadas desde la Administración no sirven para nada. Eso no debe ser así. Pero lo es, como digo, en muchos casos. Porque los docentes ni leen las nuevas leyes ni se enteran de los cambios que conllevan: siguen haciendo lo mismo de siempre, que algunas veces va bien por la experiencia que tienen acumulada a lo largo de los años, pero otras se quedan en actuaciones obsoletas, desfasadas y perjudiciales para la educación que precisan las generaciones escolares en la actualidad. La realidad social, científica, tecnológica…, evoluciona y, en consecuencia, también debe hacerlo la realidad escolar.

Por ello, y con afán positivo y superador para las circunstancias descritas, hay que abogar por la innovación permanente en los centros docentes y en las aulas, de manera que la escuela esté siempre al día en las últimas experiencias y adelantos de todo tipo que vayan apareciendo en el ámbito de la enseñanza. De este modo, el “modelo educativo” siempre será el mejor y el más avanzado que pueda ofrecerse al conjunto del alumnado. Sin esperar, por supuesto, a que otros experimenten o innoven, sino que cada escuela, en función de su contexto y de su población, vaya introduciendo novedades en su quehacer diario para avanzar en sus teorías y en sus prácticas dentro de las aulas, o sea, beneficiando directamente a los estudiantes que atiende.

Y todo hay que hacerlo con seriedad y rigor, sin exponer a fracasos más o menos previsibles a cohortes completas de alumnado. Si apostamos por la innovación es porque resulta la más viable para llevar a cabo desde los centros. Distingamos entre tres términos/conceptos que suelen manejarse sin mucha exactitud: cambio, reforma e innovación. Realizar un cambio supone simplemente quitar una cosa para poner otra en su lugar, sin mayores especificaciones. Ahora bien, los cambios, por lo tanto, pueden generar reformas o innovaciones, en función de quién, cómo y dónde se apliquen. Lo resumo en el siguiente cuadro:

  Reforma Innovación
Generada Externamente Internamente
Promovida por La Administración Las y los profesionales de la institución escolar
Objetivo Cambiar la estructura y el currículo del sistema Mejorar la organización y el currículo escolar
Ámbito de aplicación La nación o cualquier territorio extenso El centro educativo
Duración Largo plazo Corto y medio plazo
Aparición Infrecuente Habitual

Creo que, si se apuesta por la innovación, como puede verse claramente en el cuadro anterior, directivos y profesorado estarán siempre en condiciones de plantear ofertas interesantes para la educación, sin necesidad de reformas que, como también se indica, deberían ser “infrecuentes”, mientras que la escuela debe innovar de modo continuo para no quedarse a la zaga de los avances sociales.

¿Modelo educativo? Siempre será el mejor en todo momento, si innovamos y lo adecuamos al alumnado y a los contextos escolares. ¿Cómo conseguirlo? Con una formación permanente de docentes, directivos, supervisores…, en fin, del conjunto de la comunidad educativa, dispuesta a introducir novedades positivas en su sistema, en su “modelo” personalizado, dirigido al aprendizaje universal de todas las alumnas y alumnos que recibe. ¿Garantías de éxito? Por supuesto, siempre que antes de generalizar una innovación, esta se experimente en un grupo y se evalúen los resultados obtenidos en comparación con lo conseguido anteriormente. Hay que innovar en base a evaluaciones internas realizadas en la propia escuela, en la que sus profesionales deben tener la preparación adecuada para llevarlas a cabo.

Me parece que comenzar un nuevo año académico con afanes innovadores es la certeza de que la educación avanza, independientemente de unas u otras reformas que puedan aparecer por el horizonte. Si estas llegan bien fundamentadas, será importante abordarlas en toda su amplitud; si no, garanticemos la calidad en base al saber y a la experiencia profesional de los equipos docentes y a su constante actualización.

4 Comments

  1. Maria Antonia, si seguimos los modelos que nos marcan las leyes educativas lo que haremos es establecer estandarizaciones y no daremos opcion a la personalizacio y la socialización de los aprendizajes para llegar a la educacion Inclusiva.

    • Yo creo que los modelos generales son útiles para marcar una pauta de mínimos que deben conseguir la mayoría de alumnos. Pero, evidentemente, esa norma hay que adecuarla al alumnado que atiende cada escuela. De lo contrario, nos olvidamos de la educación inclusiva, que debe ofrecer respuestas a todos. Gracias por tu comentario. Saludos.

  2. Dejar que los niños resuelvan sus problemas cotidianos proporcionar ambientes propicios en la Escuela va de acuerdo con la innovación.

    • Es evidente que debe hacerse así. Hay que buscar un clima escolar que favorezca la participación y el aprendizaje de todos, con sus potencialidades al servicio de los demás. Gracias por su comentario. Saludos.

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