La coherencia como fuente de motivación transformadora

A lo largo de la historia, la mayoría de personas han puesto, durante un tiempo, el sentido de su vida en sueños, como lograr un mundo mejor o encontrar un gran amor. Cuando estás viviendo esos momentos, si te miras en el espejo de tus amistades, lo que ves reflejado es una persona llena de ganas de vivir, de convertir cada instante en extraordinario, capaz de transformar y transformarse, capaz de enamorar y enamorarse.

¿Por qué entonces todavía no se ha logrado ese otro mundo posible si casi todas y todos lo han deseado? ¿Por qué a la mayoría esos ideales solo les han durado un tiempo para dejar luego paso a unas aspiraciones muy diferentes? Por supuesto, tratándose de una cuestión humana no se debe a un solo factor, sino que es multifactorial; sin embargo, una de esas razones es la incoherencia de muchos de esos referentes. Cuando quienes lideran luchas contra la corrupción hacen corrupción, cuando quienes hacen conferencias sobre la mejora de la educación y atacan la importancia de los resultados educativos para todas y todos mientras buscan asegurarlos para sus hijos, cuando los protagonismos secuestran los ideales que se dicen defender es muy difícil seguir despertándote con la ilusión de lograr un mundo mejor, más justo, más igualitario. Cuando autores críticos siguen a un Althusser que estranguló a su mujer, cuando le continúan siguiendo o defendiendo después de conocer su asesinato. Cuando autores demócratas siguen a quienes fueron dictadores de por vida es muy difícil seguir despertándote con la ilusión de lograr un mundo mejor, menos sexista, más libre.

Ha habido, hay y habrá en el mundo muchísimas personas que creen profundamente en lo que dicen, y lo hacen, hay personas revolucionarias que trabajan por la libertad de todas y todos, sin ningún protagonismo, hay demócratas que no defienden nunca a ningún dictador, hay profesorado que quiere para su alumnado el mismo éxito que intenta para sus hijas e hijos. Esas son las personas creadoras de ilusiones, de vida, de libertad, de igualdad, de fraternidad.  Esas son las que crean día a día un mundo mejor. No son perfectas, tienen contradicciones, pero no presumen de ellas, sino que tratan día a día de irlas disminuyendo. Son de diferentes ideologías, creencias, opciones políticas, géneros, profesiones, disciplinas.

Como autor, mejor que Althusser tenemos a Freire que siguió toda su vida trabajando por sus ideales. Y en lugar de cualquier dictador, mejor referente es Rosa Parks que desencadenó un gran movimiento por los derechos civiles que ha transformado el mundo. Pero se mira demasiado hacia arriba cuando la mayoría de personas maravillosas podemos encontrarlas a nuestro alrededor, basta con que nos pongamos las gafas que nos permitan verlas. Las descubriremos mirando a quienes van por delante, pero también a quienes van por detrás, a quienes tenemos a la izquierda y también a quienes están a la derecha.

La buena noticia es que ahora se están ya desarrollando investigaciones tanto sobre los comportamientos incoherentes, es decir, destructores de ilusiones, como también sobre los comportamientos creadores de sueños reales. Si logramos que las personas que se acercan con ilusión a las escuelas y a los movimientos sociales sepan distinguirlas con claridad, que tengan de referentes a quienes viven de acuerdo a los valores y sentimientos que soñamos, ese mundo mejor lo tendremos mucho más cerca, llegará antes. No perderán el sentido, no abandonarán sus ilusiones, se animarán con cada transformación conseguida y disfrutaremos también de mejores noches, mejores despertares, de vidas más apasionadas, con más salud y más atractivo.

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