¿Quiere la ciudadanía innovaciones educativas?

Ramón Flecha | Catedrático de Sociología de la Universidad de Barcelona

Leo y escucho continuamente afirmaciones sobre el supuesto rechazo a la innovación por parte de las familias y, en general, de la ciudadanía. No solo las evidencias científicas internacionales, sino cualquier observación de la vida cotidiana demuestra claramente que esa afirmación es errónea. Basta la presencia en una consulta de oculista para ver si la ciudadanía quiere que se operen sus ojos a mano o con láser, basta estar en un hogar para comprobar si se prefiere lavar las sábanas a mano o usar la lavadora. La ciudadanía es inteligente, defiende, quiere y usa la innovación, desea mejorar sus vidas, las de sus familias, las de sus hijas e hijos.

Ante estas y otras evidencias, enseguida surge en nuestro país la siguiente pregunta: ¿y por qué muchas familias rechazan las innovaciones educativas? También hay múltiples evidencias que cuestionan la validez de esa afirmación. Todas las innovaciones educativas que logran la mejora de resultados consiguen el apoyo de la mayoría de las familias y la ciudadanía, en formas mucho más entusiastas y participativas que cualquier educación tradicional o cualquier educación “innovadora”.

Quienes defendemos la innovación, si somos demócratas, no queremos imponerla a la ciudadanía, al contrario, queremos elaborar la propuesta innovadora e incluso el concepto de innovación conjuntamente y en diálogo con la ciudadanía, teniendo así como uno de sus resultados su apoyo entusiasta a esa innovación. En ese diálogo se destapan posturas como la de quienes critican el énfasis en que la infancia más desfavorecida pueda acabar la Secundaria mientras intentan que sus propias hijas e hijos vayan a las mejores universidades. Con ese diálogo igualitario se comprueba que las familias quieren lo mismo que quienes hacemos conferencias sobre innovaciones o “innovaciones”: que sus hijas e hijos tengan buenos resultados educativos, un requisito claro para la mejora de sus vidas.

Innovación significa en medicina o en economía encontrar nuevas formas de hacer que mejoren los resultados. Innovaciones educativas son nuevas actuaciones educativas que mejoran los resultados de todo el alumnado. “Innovaciones” educativas son las nuevas formas de hacer que no mejoran los resultados del alumnado y, por el contrario, sí que aumentan la remuneración y/o el protagonismo de quienes las proponen.

Por lo tanto, la supuesta oposición de las familias a las innovaciones educativas tiene solución ya contrastada, demostrada y publicada: hacer innovaciones que mejoran los resultados de todas y todos; cuando lo hacemos, tenemos asegurado el apoyo entusiasta de la ciudadanía. Distingamos claramente las innovaciones de las “innovaciones”  que no solo no mejoran los resultados, sino que incrementan la oposición ciudadana a la innovación y su adhesión a actuaciones tradicionales que ya son claramente mejorables. La prensa educativa juega un papel muy importante en esta tarea y su lectura mejora nuestro ejercicio profesional y el avance del sueño que compartimos con las familias: la mejora de los aprendizajes y de las vidas de todas las niñas y niños.

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