Transformando claustros

Parte del equipo de diseño del Programa para la Adquisición y Desarrollo de la Competencia Emocional y Social del Centro de Formación Rodrigo Giorgeta (llamado este a nivel interno, Equipo Sándalo) tuvo la oportunidad de asistir a la ponencia de Rafael Bisquerra durante la última edición de SIMO en Madrid. En la parte final de la misma, el propio Bisquerra dio a conocer al auditorio nuestro programa, pues parte de los asistentes querían saber cómo implementar un programa basada en la obra Universo de Emociones. Nuestra respuesta fue unánime: formación.

El proceso de transformación de un claustro, y por ende de un centro educativo, va despacio, principalmente porque requiere de muchos elementos que deben darse y confluir en un mismo camino: el de la búsqueda del cambio.

En Rodrigo Giorgeta llevábamos ya dos años de intento, buscando nuevas metodologías, prácticas innovadoras… hasta que finalmente fue en diciembre del curso pasado cuando todo el claustro se comprometió a romper con todo lo anterior, y avanzar firme y unido hacia un cambio cuyas dimensiones e implicaciones desconocíamos realmente. Fue justo hace un año cuando fuimos conscientes de que aquello que era más importante para nosotros como equipo era el alumno, pero el alumno como persona, no solo como discente. Queríamos y necesitábamos romper los roles habituales del profesor-tutor para ir más allá, profundizar más en la relación alumno-profesor, de modo que este último se convirtiera en referente del primero.

Sin muchos de nosotros saberlo, todo esto que nos rondaba por la cabeza era el trabajar las emociones. ¿Pero cómo podíamos conseguir eso? ¿Cuál era la formación necesaria? Y, lo más importante, ¿dónde la podíamos encontrar?

Por supuesto dedicamos tiempo a la investigación y descubrimos programas perfectamente diseñados en muchos centros de España en Infantil o Primaria, pero nada en lo referente a Formación Profesional. Y fue entonces cuando sucedió. Algunos de nosotros tuvimos la oportunidad de escuchar en Valencia a Mar Romera, un referente en inteligencia emocional, y fue ella la que nos abrió los ojos a todo aquello que podíamos hacer. De ahí, todo vino rodado. Descubrimos la obra de Universo de Emociones, y todo lo que ofrecía Bisquerra como dinámicas, actividades… Y ahora, un año después, nos hallamos estudiando neuroeducación.

Así pues, y retomando la pregunta que se nos hizo en SIMO, es necesaria mucha formación y no existen recetas mágicas. Para trabajar emociones en el aula se hace indispensable conocer a Mar Romera, Rafael Bisquerra, Francisco Mora, Roberto Aguado y a tantos otros. Por supuesto, conocer a la perfección al alumnado de tu centro. Y, una vez hecho todo esto, diseñar las dinámicas, rutinas, herramientas y vivencias que se consideren necesarias para poder ponerlo en práctica.

El programa de Rodrigo Giorgeta se nutre de muchas fuentes, incluida la experiencia de nuestro equipo docente con amplia experiencia profesional en el área de la psicología. Nosotros hemos tomado un camino fundamentado a nivel teórico en Bisquerra y a nivel práctico en las propuestas de Romera, es decir hemos diseñado la horma de nuestro zapato. Dicha horma, que es ya nuestra columna vertebral, se basa en un programa de dos años que replantea el concepto de tutoría y de tutor, y que ha transformado nuestro Plan de Acción Tutorial y también nuestro Plan de Convivencia; pero también resultaba imprescindible el estilo de programación y concepción del trabajo del aula, pues la competencia emocional no puede ceñirse en exclusiva a una sesión semanal, sino que requiere de una transformación interior del docente y, así, del proceso de enseñanza aprendizaje.

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