¿Sabes presentar evidencias de tu impacto social?

Ramón Flecha | Catedrático de Sociología de la Universidad de Barcelona

La ciudadanía exige cada vez más saber si la asignación de recursos públicos está sirviendo para lograr mejoras sociales, para que las cosas sigan igual o para empeorar. Esta es la razón de la gran revolución del impacto social que estamos viviendo en estos momentos; es una cuestión que afecta ya al conjunto de las sociedades, pero aquí vamos a ejemplificarla en educación.

Si se gastan dos millones de euros de los impuestos que aporta la ciudadanía para contribuir a superar la pobreza y se dedican a una investigación, una política social o a una organización, la población quiere saber si así se ha disminuido más la pobreza que si se hubiera dado el dinero directamente a las personas pobres. La ciudadanía también quiere saber qué sistemas educativos, universidades, escuelas, proyectos de innovación… están logrando mayores mejoras en el derecho a la educación, es decir, mayores mejoras de resultados.

Hay países como Inglaterra donde ya las universidades están obligadas a presentar evidencias de su impacto social en la mejora de la economía, a salud, la educación…, y las consecuencias son, entre otras, que el 20% de su financiación depende de esos resultados. Es bien sabido que los diferentes sistemas educativos obtienen resultados muy diferentes por cada euro invertido en ellos, es decir, que los resultados no dependen solo de la cuantía de la inversión educativa, sino cada vez más de cómo se usan esos recursos. En épocas de bonanza, algunos sistemas educativos invirtieron mucho en contratar profesorado para sacar alumnado inmigrante de las aulas del conjunto de estudiantes, aumentando así su segregación social y su fracaso escolar, perjudicando involuntariamente al conjunto de la sociedad.

También es bien sabido que hay escuelas que sacan muy diferentes resultados teniendo los mismos presupuestos, niveles socioeconómicos, niveles educativos de sus familiares y proporción de inmigrantes. Lo que la ciudadanía nos pide crecientemente a las escuelas es que presentemos evidencias de que nuestros proyectos y actuaciones educativas tienen más impacto social que otros proyectos y actuaciones, es decir, si sus hijos y sus hijas están logrando los resultados que merecen, el derecho a la educación con que nacieron, o si no lo están consiguiendo porque no se les están dando las adecuadas oportunidades.

Cada vez vamos a tener que responder más presentando evidencias del impacto social de lo que hacemos, lo cual es un problema, porque hasta ahora no se nos había pedido ni tampoco se nos había formado para hacerlo. Lo que sí está claro es que las primeras escuelas que lo hagan bien, como dicen las evidencias científicas internacionales cómo hay que hacerlo, lograrán no solo un mayor reconocimiento social y un aumento del prestigio de su profesorado, sino también una mayor democracia educativa y, lo principal de todo, un avance considerable en el derecho a la educación de sus niñas y niños.

1 Comment

  1. No solo invierte el Estado en educación.Cada vez es más patente la formación, a título personal,que cada maestro/a debe hacer para mejorar su propia práctica profesional.Recordemos que la inclusión se defiende por ley pero si alguien quiere saber cómo atender a alumnos/as con TDAH, Sindrome de Down,TEA,comportamiento,bulling,autoestiva,grupos cooprrativos,cohesión de grupo,habilidades sociales,convivencia,matemáticas abn…tiene que gastarse el dinero.
    Y eso es lo que está sucediendo.Las empresas privadas se están beneficiando de la escasa formación de base por un lado y de la necesidad real que se percibe cada día en las aulas.
    Resumiendo…La eficacia,eficiencia y efectividad del sistema no solo depende de la organización y de la dotación que da el estado.En estos momentos hay otras variables (las sufragadas por los profesores con su sueldo).

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