Por un 2019 neurodiverso

Ana Isabel Sanz | Psiquiatra. Directora de Instituto Ipsias

La escuela y, en general, la sociedad tienden a establecer fronteras entre lo que se considera “normal” y lo que no, confundiendo la frecuencia de un rasgo con su idoneidad y, de paso, con su valor. Semejante etiquetado crea personas de primera y segunda categoría, capacitados y discapacitados, exitosos o fracasados… El reto de lograr una equiparación real de los derechos de cualquier ser humano por el hecho de serlo se enfrenta a múltiples obstáculos, aunque haya hitos en la historia que nos animen a pensar que si fue posible, por ejemplo, acabar con la esclavitud, también lo será lograr otros objetivos que hoy todavía nos suenan utópicos.

Los centros educativos transmiten valores y configuran esquemas mentales en un alumnado que goza aún de una inmensa plasticidad, que hace posible que no se enclaustren en estereotipos negativos sobre “lo diferente”. Paradójicamente, la escuela no siempre hace buen uso de ese potencial y opta por la vía de asumir ideas discriminatorias vigentes en el entorno social y fomentarlas –consciente o inconscientemente– a través de su práctica. Así sucede, entre otras situaciones, cuando sigue etiquetando al alumnado en las categorías de “normalidad” en oposición a los “menores con necesidades educativas especiales”. La tendencia a establecer esta dicotomía es tan marcada que a veces acaba llegando a los gabinetes de los especialistas en salud mental infantil, cuyos titulares en ocasiones se ven presionados para formular determinados diagnósticos que permitan que en el centro escolar se ofrezcan respuestas específicas a las peculiaridades cognitivas, emocionales o relacionales de estudiantes que no se ajustan a los parámetros entendidos como “habituales” y, por ende, supuestamente “sanos”. No en pocas ocasiones, los especialistas se ven ante el dilema de reconocer una supuesta alteración para que un niño o niña tengan acceso a un tipo de enseñanza más acorde en lo metodológico a sus requerimientos.

Recién estrenado este 2019, parece increíble que una proporción significativa de profesionales de la educación y de familias desconozcan el concepto de “neurodiversidad” y el radical cambio de perspectiva que implica en la concepción de las diferencias interindividuales en lo emocional, lo cognitivo, lo conductual…

La idea de neurodiversidad fue planteada ya en los años 90 por Judy Singer, reputada socióloga a la que sus rasgos posiblemente autistas no le han supuesto merma alguna en su perspicacia cognitiva y capacidad de luchar por lograr una sociedad más justa. Esta profesional planteaba que los TEA u otras formas de funcionamiento cerebral, alejadas de lo considerado “típico” o “normal”, constituían únicamente variantes del funcionamiento cerebral diferentes a las predominantes estadísticamente, pero, en ningún, caso, patológicas o asociadas necesariamente a la discapacidad. Más bien, la discapacidad puede ser el resultado de no haber recibido la atención más adecuada, ni en el momento oportuno, para estimular el desarrollo de un cerebro cuya estrategia de procesar los estímulos no coincide con el de los grupos mayoritarios.

Que las vías neurobiológicas que sustentan la atención o la memoria de los menores no sigue un patrón único, estandarizado, es un hecho suficientemente demostrado mediante estudios llevados a cabo con resonancias magnéticas funcionales. Así que, cuando volváis a vuestras aulas después de estas fechas tan especiales, espero que os hayáis sumado a los defensores de la “neurodiversidad” y que, por lo tanto:

  • Miréis al alumnado como un conjunto de individualidades únicas e incomparables.
  • Tratéis de encontrar los valores que caracterizan a cada estudiante, esos que os permiten identificarle cuando no recordáis ni su nombre.
  • Hagáis una lista de los aspectos positivos en los que destaca cada miembro de vuestra pequeña comunidad educativa.
  • Recordéis que aquellos rasgos menos “adaptativos” pueden moldearse oportunamente haciendo valer la plasticidad de unos cerebros que aún se encuentran en formación.
  • Os carguéis de entusiasmo pensando en lo importante que es vuestra creatividad para sacar el máximo partido de esa neurodiversidad que os rodea.

Os deseo que este 2019 desechéis las etiquetas y las barreras mentales que nos impone la sociedad, y abráis los ojos a las inmensas posibilidades de lo neurodiverso. Os sorprenderéis de lo lejos que se puede llegar cambiando el modo de mirar lo que nos rodea.

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