Juan Carlos de Miguel: “No conozco una sola asignatura donde no se pueda innovar con resultados óptimos”

Juan Carlos de Miguel Sanz es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, es profesor de Música en Secundaria, exdirector del IES Bergidum Flavium y actualmente trabaja como asesor de innovación y tecnologías educativas en el CFIE de Segovia. Ha participado y puesto en marcha varios proyectos de innovación educativa, por los cuales han pasado más de 100 docentes y más de 1.000 estudiantes. Con él hablamos precisamente de qué se necesita para provocar esos pequeños grandes cambios en el aula y desmitificar, en parte, el uso de la tecnología como único recurso.

¿Qué se necesita para ser un docente innovador?

Creo que una de las claves consiste en ponerse en el lugar del alumno. Simplemente observando el volumen de ruido, la cantidad de bostezos por hora, el momento del timbre, si se levantan corriendo en cuanto suena o te comentan extrañados lo corta que se les ha hecho la clase, ya sabes si vas bien, o si tienes que cambiar algo o no. También me parece importante la autoevaluación. El docente tiene que pararse de vez en cuando y mirar atrás, y preguntarse si lo está haciendo todo lo bien que podría, si su forma de trabajar está dejando a muchos de sus alumnos atrás o no, si cambiando algo podría recuperar a alguno de ellos para el sistema. La curiosidad también me parece importante, no conformarse con lo de siempre y mirar a otros colegas, a ver qué están haciendo, cómo lo hacen. En este sentido me parecen fundamentales las redes sociales, los blogs educativos, los encuentros docentes. Es una forma fantástica de mantenerse al día y con asistencia técnica 24 horas.

¿Está la innovación educativa al alcance de todos?

A menudo cometemos el error de pensar que solo los jóvenes pueden innovar y no es así. Algunos de los colegas más innovadores que he conocido ya están jubilados o están a punto de hacerlo, o que se han pasado las cuatro quintas partes de su carrera trabajando con metodologías pasivas, lo que a todos los docentes de cierta edad nos enseñaron, y, en un momento dado, han decidido salir de su zona de confort. Un error muy común es confundir innovación con nuevas tecnologías.

¿Para qué sirve la innovación educativa?

La pregunta no debería ser para qué sirve la innovación, sino para qué sirve la educación, ya que la innovación no es un fin en sí misma, sino un medio para conseguir una buena educación. Cada educador, maestro, formador, padre, madre o alumno te dará una respuesta distinta sobre qué es la educación. Para mí, la buena educación, la única que quiero para mis hijos y mis alumnos, es aquella que les lleve a ser las personas que son, aunque ni ellos ni nosotros lo sepamos a priori. Y, por tanto, una buena educación no podrá ser la misma para los 20 o 30 niños de una misma clase, todos con un mismo libro de texto, atendiendo a un solo patrón, evaluados conforme a los mismos estándares, sino aquella que atienda a la diversidad, que tenga en cuenta las distintas inteligencias, las competencias básicas, que sepa valorar tanto al matemático como al bailarín, al poeta y a la inventora, al atleta y a la community manager. Cada alumno encierra un tesoro y nuestro deber como educadores es ayudar a descubrirlo, pulirlo y llevarlo a su máxima expresión, dentro de nuestras posibilidades, y eso no se consigue solo con las metodologías pasivas, por tanto, habrá que probar otras alternativas. Esto no quiere decir que todo valga, sino que cada docente debe elegir cuál de ellas o qué combinación de ellas se adapta mejor al fin.

Desmitifiquemos la innovación educativa… ¿Siempre tiene que ver con nuevas tecnologías, grandes proyectos o ideas geniales, o se puede innovar con pequeñas cosas y con pocos recursos?

Innovar no consiste en hacer todo el rato cosas nuevas, hipertecnológicas y que estén de moda. Innovar no consiste en despreciar todo lo anterior, lo tradicional por el hecho de serlo. Creo que innovar tiene más que ver con preguntarse qué puedo hacer para mantener el interés de mi alumnado, qué puedo hacer para dar respuesta a sus inquietudes, a su curiosidad, a su plan vital. Solo con hacerte esa revolucionaria pregunta antes de entrar a clase te vas a ver envuelto en un proceso en el que no vas a tener más remedio que innovar, es decir, hacer algo distinto, aunque solo sea porque los alumnos de hoy no son los de ayer, por tanto, tus clases de hoy no pueden ser las mismas de ayer. Pero eso no tiene que ver con despreciar la tradición, y hay decenas de modelos que aún tienen mucho que decir en educación. Revisitarlos, conocerlos y ponerlos en práctica también es innovar.

Música, literatura, stop motion, TIC… ¿Son infinitas las posibilidades para innovar?

No conozco una sola asignatura, un solo nivel educativo, una materia donde no se pueda innovar con resultados óptimos. Podría dar el nombre de decenas de profesores de todas las áreas y materias que trabajan con metodologías activas y que obtienen los mejores resultados académicos, no solo a nivel interno, sino también en las pruebas externas, como reválidas, pruebas de diagnóstico o selectividad.

El sonido que habito va por su quinta edición. ¿Cómo ha cambiado el proyecto desde que comenzó hasta ahora?

Como en todo proyecto colaborativo, la retroalimentación es una parte muy importante, y las aportaciones que van haciendo los docentes y alumnos se tienen muy en cuenta. Ha habido cambios, como que las tareas no son tan rígidas, algunas herramientas 2.0 han dejado de funcionar y hemos tenido que buscar otras; hemos incorporado el uso de redes sociales por parte del alumno para difundir sus trabajos, pero en esencia ha permanecido bastante estable. Eso sí, desde el principio, la libertad para adaptarlo a las características del alumnado y su materia por parte del docente es absoluta. De ahí la increíble variedad de aportaciones y, seguramente, su éxito.

¿Cuántos docentes y estudiantes han pasado por este proyecto?

Docentes hasta la fecha somos 108, de Primaria, Secundaria, Bachillerato, Universidad, incluso de escuelas de idiomas y conservatorios, de centros públicos y privados, de casi todas las áreas y materias, de cinco nacionalidades, con entradas en tres idiomas. Más difícil es saber cuántos estudiantes, pero teniendo en cuenta que hay más de 900 entradas publicadas en el blog, y que algunas están hechas por parejas, andarán en torno a los mil.

¿Cuál de todos sus proyectos es el que le ha dado más satisfacciones? ¿Por qué?

Quizás El sonido que habito, porque me ha dado cierta reputación digital (un premio nacional y tres sellos de calidad, decenas de reseñas en medios especializados; y, a través de él, me han salido colaboraciones, ponencias, talleres, jurado de premios como Espiral Edublogs, o Escuelas para la sociedad digital de Fundación Telefónica, o he participado en experiencias tan interesantes como SantillanaLAB), y me ha permitido madurar mi visión sobre el trabajo por proyectos. Y, recientemente, Contamos con EMotion, proyecto colaborativo sobre la narrativa digital a través de la técnica del stop motion, creado junto a mi admirada y querida Luz Beloso, profesora de Educación Plástica y Visual en Moaña (Pontevedra), con la que no paro de aprender y disfrutar compartiendo aprendizaje y emoción con otros colegas. Justamente este pasado 21 de enero recibíamos en la jornada “Colaborar para enseñar” el Premio Espiral Colegio Base 2017. Finalmente, el proyecto #CyLcantaporSiria, que ha sido una experiencia muy potente.

Qué le llena más de orgullo: ¿ver el resultado de sus iniciativas y cómo repercuten en el alumnado, o los premios y reconocimientos recibidos?

Por supuesto que la repercusión en mis alumnos, aunque no se puede despreciar la evidencia de que los premios también sirven para visibilizar (más colaboradores, más difusión, más alumnos participando), para motivar a nuestro alumnado y para convencer a compañeros docentes, padres, madres y autoridades educativas de que otra forma de aprender y de enseñar es posible.

Seguro que ya tiene en la cabeza uno o más proyectos para el próximo curso…

Junto a varios compañeros docentes de Educación Musical, tanto de Primaria como de Secundaria y Universidad, estamos preparando el IV Congreso Nacional de Educación Musical con Euterpe, que se celebrará en Segovia a finales de abril. También junto a compañeros de Tecnología, Educación Plástica y Lengua y Literatura estamos a punto de lanzar otro proyecto colaborativo sobre narrativas digitales en podcast.

Pero lo que más ilusionado me tiene es el que tengo la fortuna de realizar desde septiembre, como asesor TIC en el Centro de Formación e Innovación Educativa de Segovia, ya que, aunque he perdido mi contacto directo con el alumnado, desde aquí tengo la oportunidad de asesorar a equipos directivos, centros educativos y grupos de profesores sobre tecnología e innovación educativa, en colaboración con un maravilloso plantel de compañeros del CFIE y del programa REDXXI, coordinados por el Área de Programas de la Dirección Provincial de Educación de Segovia y la Dirección General de Innovación Educativa y Formación del Profesorado de Castilla y León, todos remando a favor de una efectiva actualización y reciclaje del profesorado, necesarios para hacer frente a las nuevas necesidades y demandas que la sociedad nos exige como educadores, y cuyo fin último no es otro que la mejora de la educación de nuestros alumnos.

Acerca de Tomás Loyola Barberis 16 Articles
Periodista y editor, con 20 años de experiencia en medios de comunicación online

1 Comment

  1. Gracias Juan Carlos. Es un placer tratar contigo, escuchar tus propuestas. Da la impresión de que si todos pensáramos en esa línea de innovación constante que describes, la educación sería muhco mejor. Ojalá te oigan muchos y se convenzan de esa frase adaptada: innova o muere. No podemos dar clases como hace 50 años, porque no los alumnos son iguales, ni la sociedad es igual, ni las familias son iguales, ni los medios so iguales, ni los profesores son iguales. Si todo cambia, ¿cómo no va a cambiar al educación?

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