Herramientas que dominan a nuestros menores: estadísticas preocupantes

Mª Victoria Reyzábal | Especialista en Lengua y Literatura

Dicen las estadísticas[1] que los niños con 10 años, en un 30%, ya viven enganchados al smartphone, lo que pasa a un 70% a los 12, porcentaje que sube a un 83% a los 14; no obstante, esta dependencia empieza a los 2 años mientras se entretienen con los teléfonos de sus padres, quienes les enseñan a acceder a vídeos de YouTube. Entre estos, el 20,3% juega con el móvil o una pantalla táctil mientras come.

El 40% de los menores entre 5 y 12 años respira al aire libre menos de una hora diaria, pues se pasa pegado a las pantallas alrededor de 5, incluyendo consolas y videojuegos. Esto sucede especialmente los fines de semana y festivos. Por eso, no socializan entre ellos pues no juegan juntos, no suelen hacer deportes en equipo y muchos ni siquiera tienen hermanos.

En general, los adultos no piensan que semejante realidad perjudica la salud de sus hijos, provocándoles miopías prematuras, algo que afecta en Europa al 47% y en España al 50% (en Finlandia, por ejemplo, en una generación se ha pasado del 10% al 50%), circunstancia que merece la atención de los profesores, pues de cada 5 niños entre los 6 y los 12 años, uno no ve bien lo escrito en la pizarra de su clase, debido tanto al encierro en espacios pequeños y con luz artificial como a la exposición abusiva del brillo de las pantallas electrónicas, además de padecer por ello sequedad ocular y fatiga visual, lo que les inhibe la liberación de dopamina, neurotransmisor que evita que el globo ocular se alargue en demasía provocando miopía magna durante las etapas de desarrollo. Prácticamente, el 72% del alumnado con dificultades visuales rechaza la lectura.

Por otra parte, las posturas y movimientos repetitivos pueden causar daños en las cervicales, dolores de espalda más graves aún que los de las mochilas, tendinitis y hasta artritis en los codos, hombros, muñecas y dedos, sin contar con las cefaleas generadas por los citados móviles, tabletas, ordenadores, libros electrónicos y demás aparatos usados durante horas, todo ello agravado por el sedentarismo.

Por eso, los fisioterapeutas recomiendan ya una serie de ejercicios y estiramientos que protejan el cuello y la espalda. Algunas de estas lesiones se perciben según avanza la edad, igual que la pérdida de audición, ocasionada por las escuchas en altísimo volumen, costumbre que resulta preocupante, pues estas pérdidas han crecido en un 30% en los últimos 25 años y suelen resultar irreversibles.

Dentro de semejante casuística, debemos agregar que el 30% de los niños tienen problemas para dormir, no logrando el descanso necesario, ya que las luces de estos aparatos usados por la noche engañan a la zona del cerebro que regula el sueño, la cual cree que es de día; cuando amanece, el muchacho está cansado, irritable y presenta falta de concentración, lo que acarrea dificultades de aprendizaje y de convivencia a causa de este desequilibrio emocional.

El 39,9% de los menores entra en páginas pornográficas, precisando los estudios que el 53% de los preadolescentes y adolescentes, entre los 12 y los 17 años, frecuentan programas de pornografía explícita; de ellos, el 38% en un ordenador portátil y el 33% desde su móvil. Alrededor del 60% desde su casa e, indiscriminadamente, un 45% desde computadoras sin filtro de contenidos, lo cual resulta prioritario para su seguridad no solo en este campo, sino en el de los virus, los robos de cuentas y el dañino ciberacoso que sufre más del 7% de menores. Pareciera que el 10% de los consumidores totales de porno son menores de 11 años, que suponen que lo que observan es real. A su vez, el 12,8% de los jóvenes que navega por páginas sexuales, alega que lo hacen por curiosidad y es que les tienta lo prohibido, tal vez porque los adultos no hablamos sobre estos temas con ellos y así creen que saben (y quizá sea cierto en algunas cuestiones) más que sus padres e, incluso, que sus maestros y hasta psicólogos.

Todo esto va en aumento, pues un 94,9% de todos ellos usa ordenadores y de estos el 95,2% accede a Internet. Los adolescentes suelen dormir con el teléfono encendido, wasapean continuamente y escuchan música a todo volumen como locos. En concreto, un 5% de todos los españoles es adicto al móvil, de manera que esta dependencia interfiere en actividades cotidianas, familiares, sociales o laborales por la falta de control del sujeto. Los usos gratuitos facilitan esta situación, en la que no se tiene en cuenta que sus datos personales y, en concreto, su vida privada la rastrean las famosas cookies y la Red hasta ahora no olvida. Por eso, con los jóvenes, ajenos por lo general a las posibles consecuencias, se debe abordar este riesgo.

¿Qué les parece a los docentes y progenitores tal deriva de los chavales, que ni les forma ni les informa, ni les aporta conocimiento preciso, secuenciado y fiable? Seguiremos.


[1] Fuentes utilizadas: Asociación Protégeles; Asociación Visión y Vida; Bitdefender (proveedor de ciberseguridad); Kapersky y Lab Iberia (compañía de seguridad); Labrador Encinas, F., Requesens Moll, A. y Helguera Fuentes, M. (sin fecha). Guía para padres y educadores sobre el uso seguro de Internet, móviles y videojuegos. Madrid: Fundación Gaudium, Obra Social Caja Madrid y Oficina del Defensor del Menor; Proyecto Familia Segura (www.familiasegura.es); Instituto IPSIAS de Madrid (Dra. Ana I. Sanz); V. A. (2016): Aditec. Evaluación y Prevención de la Adicción a Internet, móvil y videojuegos. Madrid: TEA ediciones.
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