Marzo

Marzo tras marzo, presas de un modelo sociocultural patriarcal, hastiadas del goteo incesante de esperpentos como el eurodiputado Janusz Korwin-Mikke o Donald Trump, tenemos que seguir recordando el camino tortuoso recorrido por las mujeres.

Excluidas de la idea ilustrada de ciudadanía, que pregonaba la igualdad universal y dejaba sin derechos civiles y políticos a todas las mujeres, prohibiendo explícitamente su presencia en cualquier tipo de actividad política. Previamente, la religión, la ley y la ciencia se habían encargado de elaborar un discurso y una práctica que afirmase la inferioridad de ellas con respecto a ellos.

El retroceso al racismo biologista hoy: las mujeres son inferiores, enlaza con todos los males de nuestras sociedades que entorpecen el progreso del género humano. Mayores, jóvenes, desempleadas, trabajadoras, refugiadas, apátridas, migrantes, indígenas, rurales o urbanas, pedimos una vida sin violencia y abusos, y reclamamos el derecho a participar y liderar en igualdad los procesos de bienestar de nuestras sociedades, en beneficio de toda la humanidad.

Desde Olympe de Gouges, M. Wollstonecraft, Betty Friedan, Kate Millet, Shulamith Firestone, Susan Faludi, Simone de Beauvoir, Flora Tristán, Amelia Valcarcel, Marina Subirats, Celia Amorós, Alicia Puleo y tantas otras, tenemos centenares de testimonios de cómo nacemos y nos hacemos las mujeres.

Como educadoras, seguiremos trabajando para que todos los niños y todas las niñas desarrollen sus capacidades, y para que ellas no tengan que renunciar a sí mismas por mantener el privilegio patriarcal.

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