La escuela como agente del cambio en cuanto a la brecha de género

Karin Roa Tampe | Profesora investigadora de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes (Santiago de Chile)

Pese a que en Chile hemos igualado el acceso de mujeres y hombres a la Universidad, no hemos evidenciado el mismo nivel de éxito en la participación de mujeres en carreras profesionales del área STEM (en inglés, para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

Estudios muestran que esta realidad es sintomática de otra que comienza a forjarse mucho antes: estudios en diversas sociedades muestran que las niñas se sienten menos capacitadas y más ansiosas que los niños para las ciencias y matemáticas ya en 8° curso, y han abandonado mayoritariamente su gusto por esta área en ese mismo nivel (Fundación Microsoft, 2016; PISA, 2015). En línea con esta evidencia, los resultados en las pruebas de selectividad universitaria muestran que las adolescentes obtienen hasta 25 puntos por debajo de sus pares varones en ciencia y matemáticas, los que les resta competitividad para acceder a carreras de esta área, con mayor estabilidad laboral y mejores salarios (CIAE-Chile, 2017).

El fundamento de estas diferencias no es biológico, por si se lo están preguntando. Estudios con niños pequeños y con hermanos gemelos han mostrado una y otra vez que no hay diferencias en capacidad ni en gusto por STEM a edades tempranas, sino que las expectativas (no así los resultados académicos) de las niñas se reducen al ganar edad, como efecto de culturas en las que los estereotipos de género, la asignación de roles diferenciados y la carencia de mujeres modelando roles en STEM explican las diferencias, que son también los ejes del cambio. Por ejemplo, en Chile, las expectativas de los padres respecto de que sus hijos de 15 años lleguen a estudiar carreras STEM son de 50% para hombres y 17% para las hijas mujeres (PISA, 2015), así como las expectativas de los mismos estudiantes respecto de aspiraciones de trabajar en área de matemáticas es el doble en hombres que en mujeres, similar a los casos de Corea, Noruega o Suecia (Charles, 2017).

Las bajas expectativas que tienen los adultos (padres y profesores) sobre el desempeño de las niñas en esas áreas, así como la deseabilidad social de promover para ellas carreras del ámbito humanista o de servicios, que se perciben como menos sacrificadas y con una proyección más compatible con la vida familiar, tienen un efecto importante (Conicyt, 2009).

¿Por qué y cómo promover las carreras STEM entre mujeres?

Si se analiza desde un enfoque de capacidades del desarrollo humano, es decir, desde la óptica de las posibilidades de sacar provecho de las oportunidades que ofrece la cultura, la brecha para la elección profesional de mujeres en STEM aparece nítida. No se trata solo de aumentar su contribución económica o de proveer científicos que una sociedad necesita, ni de igualar a mujeres y hombres porque debemos ser iguales. No se trata de decirles que no a las carreras en humanidades o en servicios y cuidado, o a la proyección de una vida familiar. Se trata de ampliar posibilidades de realización personal y profesional para las niñas y mujeres, no de proscribir otras.

El punto de partida para un cambio comienza en una crianza en familia que ofrezca modelos más indiferenciados, alejando a niños y niñas de la obediencia ciega a estereotipos de género, pues se ha evidenciado que, a mayor apego a estereotipos de roles tradicionales, menor es la probabilidad de escoger carreras poco esperables para mujeres, como las STEM.

El rol de la escuela comienza diagnosticando la cultura institucional y sus brechas: si las niñas requieren de mayor promoción y estímulo para contrarrestar estereotipos vigentes y proyectarse en carreras STEM, ¿qué está haciendo el colegio por ello? Revisar críticamente los estereotipos sobre talento e inteligencia que tienen los docentes, que suelen coincidir con atributos masculinos; promover de forma personalizada los cursos electivos de ciencias, favorecer academias de STEM para niñas (¡antes de 8° grado!), y, sobre todo, ofrecer modelos de realización personal y profesional de mujeres en carreras ligadas a STEM aparecen como claves fundamentales. Pueden ser profesoras de la misma escuela, académicas, etc., que no necesitan mostrar que es fácil, sino que se puede, fomentando la autoeficacia personal en las niñas.

Finalmente, la elección profesional se hace en base a proyecciones respecto de cuánto se puede ganar, cómo es el campo ocupacional y qué condiciones laborales tiene. Por lo mismo, es necesario que las adolescentes puedan ver a otras mujeres contratando y contratadas en áreas STEM, pero también con condiciones de trabajo adecuadas que, dicho sea de paso, suelen ser las mismas para hombres y mujeres: horarios compatibles con otras esferas de la vida, con salarios dignos y seguridad laboral.

Los diversos agentes de la sociedad necesitan tener esa convicción: no necesitamos solo más mujeres en STEM, sino que necesitamos darles a las niñas del futuro las posibilidades que las mujeres de hoy y ayer no pudimos imaginar.

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