Las matemáticas como pasión

Para las personas a las que nos seducen las matemáticas, es una verdadera lástima observar la fobia que producen en tanta y tanta gente. No estaría mal, para aquellas y aquellos que se sienten incapaces de aprenderlas, poder asistir a una escuela como la que describe Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver:

Fui a una escuela de matemática, donde el profesor instruía a sus discípulos siguiendo un método difícilmente imaginable entre nosotros en Europa. La proposición y la demostración parecían escritas claramente en una oblea fina con tinta hecha de un colorante cefálico. Esto tenía que tragárselo el estudiante con el estómago en ayunas y no comer nada sino pan y agua durante los tres días que seguían. Al digerir la oblea, el colorante se le subía al cerebro llevándose la proposición al mismo tiempo. Pero hasta ahora el resultado ha defraudado, ya por algún error de dosis o de composición, ya por la picardía de los mozalbetes, a quienes da tanto asco esa píldora que por lo general se escabullen subrepticiamente y la expulsan por arriba antes de que pueda hacer efecto; y tampoco se les ha persuadido todavía para que guarden una abstinencia tan larga como exige la receta…

Esta sería, sin duda, una manera infalible de aprender matemáticas…

Bromas aparte, es realmente dramático observar esta mezcla de terror y rechazo que provocan las matemáticas. En mi caso, las enseño en un grado de matemáticas: mi alumnado ha optado por estudiarlas a gusto. Suelen ser personas que no han tenido dificultades con esta materia; algunas motivadas por la posibilidad de encontrar un buen trabajo tras acabar la carrera, otras solo por el placer de cursarlas.

Nunca he enseñado en niveles anteriores a la Universidad. Pero entiendo las dificultades con las que las compañeras y compañeros de Enseñanza Secundaria obligatoria y Bachillerato se enfrentan a diario. No es fácil trabajar con un alumnado desmotivado y para el cual las matemáticas es una de las materias más odiadas. Me gustaría enviarles un mensaje de ánimo y mi sincera admiración por todas las maravillosas iniciativas que lanzan desde las aulas para intentar sembrar el gusto por esta materia. Muchas gracias.

Desde el curso 2010-2011, de manera ininterrumpida, imparto junto a mis compañeros Pedro Alegría Ezquerra y Raúl Ibáñez Torres la asignatura Las matemáticas en la vida cotidiana en las Aulas de la Experiencia de Bizkaia (UPV/EHU). Se trata de una asignatura optativa en un Título en Ciencias Humanas destinado a personas mayores de 55 años que tengan curiosidad y ganas de seguir formándose.

Los primeros años fueron de prueba; pero, gracias al boca a boca, el curso Las matemáticas en la vida cotidiana se llena en estos momentos con unas cuarenta personas dispuestas a aprender un poco de matemáticas. Es cierto que no se trata de un curso al uso, y que las personas matriculadas lo han hecho porque así lo desean. Para nuestro alumnado se trata de una experiencia enriquecedora, un reto para superar antiguos miedos o para repasar algunos conceptos un poco olvidados.

Marta Macho Stadler | Matemática y divulgadora científica

Entre Pedro, Raúl y yo elaboramos un programa de treinta clases en las que las matemáticas aparecen a través de juegos, historia de las matemáticas, magia, literatura, teatro, paradojas, etc. Por medio de la cultura, el arte y diversas situaciones cotidianas, de una manera asequible, sin tecnicismos –el alumnado es muy heterogéneo, algunas de las personas apenas tienen estudios–, repasamos los conceptos centrales de las matemáticas. Desde luego, al contrario de lo que puede suceder en un aula de Secundaria, aquí no se huele la desidia. Nuestro alumnado no tiene ningún problema en interrumpir, discutir, preguntar… a veces se te acaban los argumentos para convencerles. Es un maravilloso reto en el que he aprendido a comunicar de manera diferente. Las matemáticas que enseñamos son sencillas, pero el alumnado es muy exigente… Creo que, como sus docentes, acaban el curso sintiendo las matemáticas como pasión.

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