La educación, el cine y la vida

María Victoria Reyzábal | Especialista en Lengua y Literatura

Ya desde 1990, la Logse, en el Diseño Curricular Base de Lengua Castellana y Literatura para la Educación Secundaria Obligatoria, incluía un Bloque de Contenidos referente a los “Sistemas de comunicación verbal y no verbal”, inicialmente considerado en Primaria, el cual indicaba que se debía trabajar, entre otros lenguajes, el de la imagen, incorporando el cómic y la telenovela además del cine, así como el musical y el gestual, seleccionando con sus correspondientes contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales, de manera que también se asumía la comunicación como arte y difusión de valores. Igualmente, se señalaba que todo ello debería trabajarse, en buena medida, en grupo y evaluarse como tipos de texto complejos en los que los diferentes códigos se enriquecen y complementan mutuamente para producir una obra multisignificante y multiestética.

Por entonces, surgió, de forma más o menos sistemática, el llevar a los estudiantes al teatro y realizar visionados didácticos de películas en el propio centro, actividades que se mantienen en la actualidad, de forma cada día más generalizada. Esto permite que no solo el alumnado realice análisis en conjunto y de manera colaborativa, sino que también lo haga el profesorado para que los distintos docentes de las especialidades pertinentes comenten en cada caso la relevancia y aportaciones de la música, la fotografía, la representación y demás componentes, por ejemplo, de un vídeo, un film comercial o un documental.

Cuando en la vida cotidiana nos referimos a una película no es raro escuchar la pregunta: ¿de qué trata?, reduciendo su importancia a una simplificación del argumento, algo que suele hacerse también con las obras teatrales e incluso con las novelas, dejando de lado así el estilo, es decir, el manejo del lenguaje, la construcción de los personajes, las metas no siempre explícitas del relato –ya que no en todas las producciones se revelan abiertamente en la historia que se cuenta–, la aportación significativa de los técnicos, las sugerencias de la atmósfera creada y enriquecida por la música, los contrastes de luces y los silencios, y todo aquello que aporta el montaje con su capacidad de desechar escenas o reordenarlas… Cuestiones muchas que no se perciben en primera instancia, o no detecta por sí solo el alumnado, y que deben tratarse para clarificar la complejidad del producto acabado en este formato, con el objetivo de captar el sentido global volcado en las ideas que desarrolla y cómo se relacionan entre ellas, hacer conjeturas y debatir las dudas buscando información complementaria, analizar la expresividad de los personajes –verbal, gestual, postural, etc.–, realizar carteles, historietas, programas alusivos en Internet, cuestionar aspectos sexistas, racistas u otras segregaciones, confeccionar blogs, páginas web para opinar y debatir en la red sobre películas de interés…

Todas estas actividades pueden venir muy bien a los niños, adolescentes y jóvenes para saber que después de terminar una tarea conviene revisar lo hecho, corregirlo, y quitar o agregar lo que haga falta. En este sentido, realizar un corto o un documental suele resultar una actividad muy provechosa, pues facilita la comprensión de todos los aspectos que deben tenerse en cuenta, al igual que, después de una proyección, debatir aquellos puntos que parezcan más interesantes, ya sea la trama, la interpretación de los actores, la fotografía o cualquier otro componente de la película, especialmente en cuánto cada uno contribuye a que esta sea de calidad o despierte un interés especial por su visión social.

Seleccionar filmes adecuados para tratar temas históricos, económicos, artísticos, políticos, sobre emigración, desigualdades de género, injusticias laborales o revisión de cuestiones académico-escolares como la educación emocional, estética y ética, ahora puede ser más fácil pues los centros tienen a su disposición la opción de elegir, legal y gratuitamente, entre más de 300 películas gracias a los acuerdos firmados con diferentes productoras y distribuidoras (http://ceroenconducta.ning.com).

En este sentido, producciones recientes como Wonder, Campeones, El buen maestro o Una razón sobresaliente ayudan a los centros en el esfuerzo de interesarse por problemáticas que atañen a los jóvenes, por ejemplo, con discapacidad o acerca del desinterés por esforzarse en los estudiantes que se consideran atrapados por el fracaso como lo están sus padres o sobre la importancia de los aprendizajes lingüísticos para argumentar y persuadir, e incluso convencer, aun en los casos en que se empleen mensajes persuasivos, es decir, los que pueden dejar sin palabras al contrario sin respetar la verdad, o las dificultades de los que pretenden convencer argumentando a favor de lo objetivo o probado, enriqueciendo en todos los casos a quienes dialogan (mensajes persuasivos, publicitarios y propagandísticos versus mensajes convincentes, científicos o lógicos).

Una buena película aúna artes y, en buena medida, tradición y futuro: es una historia hablada y gesticulada, una especie de ópera con música de colores, un conjunto de fotografías que se mueven y se expresan, una obra de teatro que puede enlatarse y verse repetidamente, un trayecto por el laberinto multiforme de la vida, un recorrido por fragmentos del museo de la existencia, el retrato de un mito con su propio héroe o heroína y antiheroína o antihéroe, una estructura arquitectónica que muta y se transforma en otra construcción durante algo más de una hora y todo ello facilita el aprendizaje de que las recetas simplificadoras no existen en la naturaleza ni en la existencia humana, llenas estas de curvas, ondas, olas, remolinos, cimas y cordilleras… En realidad, todas las áreas, ejes transversales y tipos de contenidos pueden abordarse a través de las producciones cinematográficas adecuadas.

Hay que tener en cuenta que todos tenemos una acumulación cultural de ficciones que nos hacen como somos; por ejemplo, hemos aprendido a besar según nos ha enseñado el cine, al igual que otras cosas, de manera que, como sostiene Javier Marías: “Estamos hechos de las propias experiencias [tanto] como de las ficciones que hemos visto” y, a veces, estas se viven con más intensidad como se comprueba en el caso de Owen (“Life, Animated”), niño con autismo que aprendió a comunicarse mediante las películas de Disney, pues entendía la vida a través de ellas mejor que en su día a día cotidiano. Es obligado, en el mundo actual, utilizar todos los recursos didácticos que se nos ofrecen también fuera de la escuela, como es el cine, ya que su gran fuerza de atracción en los niños y jóvenes constituye un aliado perfecto para incorporarlos a un aprendizaje activo y crítico.

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